No es la típica felicitación navideña, pero me ha gustado.
Pronto vacaciones y actualizaciones...
Llevo días sin actualizar. No significa que me olvide de mi H&F. Tampoco que no tenga nada que contar. De hecho, se me pasan muchas ideas por la cabeza. Sin embargo la cercanía de las pruebas de oposición y el estrés ante lo que queda por estudiar (y esperar que, llegado el repaso, todo esté donde debe) me dejan poco tiempo. Pero no es una razón suficiente para no publicar mi privilegio.
A lo largo de los años he escrito numerosas páginas narrando mis desventuras, señalando mi mala suerte, sintiendo que nada ocurría según mis deseos y, en definitiva, remarcando lo triste que es mi vida. Y si bien no (todo) han sido paranoias, sentirme así es sólo una parte de lo que he vivido. Sin embargo, dentro de mi espiral destructivo y negativo me costaba enormemente girar la cabeza hacia la luz que tenía presente en mi vida. A veces lo conseguía, pero sin entrega. Volvía sin esfuerzo a mi oscuridad, al lamento ante las circunstancias que me había tocado vivir, a pensar en el suicidio.
Últimamente, no sé si por cansancio, por cambio de actitud o madurez (quizá), camino hacia esa dirección. Mantengo en mi mente a cada una de las personas y razones que son verdadera luz en mi existencia. Entonces me doy cuenta de la suerte que he tenido y tengo. Lo he pasado muy mal, pero todo el mundo tiene etapas. Lo paso mal, todavía, en determinados momentos, a veces durante días. Como cualquier persona, supongo.
Ahora me siento bien. Miro hacia la luz. Valoro mis logros, mis pertenencias, mis metas vencidas, mis compañeros en el camino. Y doy a gracias (¿a la vida?).
No haré, no obstante, un listado de privilegios, daré sólo un ejemplo:
No todo el mundo puede recibir un regalo como éste; no todo el mundo puede oír una de sus canciones preferidas de la boca de su amigo; no todo el mundo tiene amigos como los míos; y las palabras no tienen la misma fuerza e intensidad en dos voces distintas; así, aunque a veces no lo vea o lo demuestre, sé que la suerte me acompaña, o que dios me ha bendecido, o que mi destino es favorable, o lo que quiera decirse.
He aquí el privilegio:
Rock'n'roll suicide de D. Bowie versionado por Jüân
No he podido encontrar la manera o, mejor, no he podido por falta de tiempo aprender a subir un archivo de audio directamente al blog. Sin embargo, aprovecho mi carencia para recomendar la música de mi mejor amigo. (Pinchando sobre su nombre, podéis visitar su perfil, su blog y sus otras composiciones musicales. Recomiendo La Nube Anterior y, por supuesto, Islandia. En este caso es una versión que le pedí, pero en Hispasónicos podéis disfrutar descubriendo sus composiciones).
A ti, desde aquí, mi pequeña parcela de esparcimiento, te vuelvo a dar las gracias. Y te recuerdo que en pasar los exámenes, tenemos (si todavía quieres) empezar el proceso de grabación de mi estreno mundial...
Post Post: Suicidio es la entrada que queda pendiente. En ella explicaré mi vínculo casi obsesivo con pensamientos suicidas a lo largo de mi vida. Una parte está grabada en el móvil, el resto está sólo en mi memoria. Queda pendiente, pues.
Conocí a Haruki Murakami por recomendación de un amigo. Éste había leído dos de sus novelas. Las dos le habían hecho disfrutar. Una más que la otra, cierto. El caso es que aproveché un pequeño viaje a un pueblo cercano a la otra gran ciudad de la mi provincia, para pasar por ésta y sorprender a mi vieja amiga de la universidad. En el lugar donde trabajaba adquirí mi primer libro de Haruki, Tokio Blues: Norwegian Wood. Pronto dedicaré una entrada. Diré, por ahora, que de las dos novelas recomendadas es la que menos le gustó a él. A mí me gustó tanto, que poco después compré dos libros más. Uno, el que protagoniza este post y otro que, seguro, comentaré pronto.
Me gusta esta reflexión. No me quedo con la idea de separar la realidad entres peces de distinto tamaño o poder. Me gusta la idea de considerar la vida como una partida. Yo mismo escribía hace más de un año, a finales de 2007 si no me equivoco, Oscuro Pasajero. Éste es uno de esos textos que componen mis escritos antes de H&F. Concluía la última frase con estas palabras:
(...)en este juego que es la vida, en esta partida que todavía no me decido a perder (aunque dejé de tener posibilidades de éxito hace ya mucho tiempo).
Por otro lado, no hace demasiado, grabé unas reflexiones con el móvil. Una noche, al salir de casa, estrené la opción de grabadora de mi nuevo teléfono. Aproveché esa posibilidad para guardar unas ideas que después se convertirían en una nueva entrada. La verdad es que se quedó por el camino, un borrador perdido en alguna carpeta de mi ordenador. Lo importante es que de nuevo me refería a la vida como un juego, como una partida, mejor. Y hablaba de alguien que disfruta siendo un jugador, que aceptando que la vida no es más que un juego, utiliza las cartas que posee para divertirse jugando con su vida y, cuando puede, con la de los demás. A veces me revienta.
En otro momento del libro, cambiando de tema, afirma el protagonista:
Sé muy bien a qué se refiere Holden. Marqué la frase porque yo soy de los que se emocionan con las películas y, mucho más, con las series. Si lo hago es porque vivo como si fuesen reales las cosas que suceden a los protagonistas. Empatizo con los personajes. Unas veces por las cosas que tenemos en común, porque me veo reflejado. Otras por vivir como yo no vivo, por tener lo que nunca tendré o he tenido. La mayor parte de las veces, las series me sirven como distracción, me permiten cambiar de estado de ánimo, despreocuparme. Pero no hablaré más sobre series, quizá en un futuro post.
Por último, las frases que dan sentido al título de la novela:
Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso. Sé que es una locura, pero es lo único que me gustaría hacer. Sé que es una locura.
No puedo decir que yo sea como el guardián, ni que haya pensado antes en serlo. Sí he estado unas cuantas veces cerca de algún precipicio. He tenido suerte y he encontrado a personas que han impedido mi caída. Pero, lo más importante es que he aprendido que no hay mejor guardián que uno mismo; que para poder ser salvador, hay que salvarse primero.
Queda recomendado el libro de Salinger.