Hoy, si no me equivoco, es la primera vez que publico un texto pre-H&F. Como ya dije en alguna de mis primeras entradas, el blog sería la prolongación de lo que ya hacía antes: escribir para desahogarme, para descargar, para pensar, incluso para regodearme en mis propias miserias.
Ahora, ante la ausencia de tiempo (y siento decirlo insistentemente, pero más siento no poder dedicar unas horas para expresar cómo me siento estas semanas) he decidido colgar un fragmento de uno de mis "Pensamientos, Impresiones. Necesidad de escribir". El motivo es que el pasado jueves, al volver a casa desde el trabajo empecé a sentir cosas que me recordaron cómo me sentí ese mismo jueves, un año antes.
Pena de Muerte. Cadena Perpetua.
(...) Y tanto que disfruto de la soledad. Cómo no voy a sentirme cómodo estando solo. Me alejo de los unos, acusándoles de sus errores. Me alejo de los otros, porque conocen mi pasado, porque ante ellos soy vulnerable. Marco mi distancia con ella, para no hacerle daño, me digo; por no saber qué hacer en ningún momento. El entorno laboral se queda en su lugar cada vez que cierro la puerta. Cinco horas al día: cinco de fingir ser uno más, horas de pedir ayuda con la mirada, con frases desesperadas ocultas tras un humor pesimista. Hay excepciones. Excepciones que pueden pasear por cada rincón de la fortaleza. No necesitan pedir permiso, lo hacen sin más.
Pena de Muerte. Son fiestas en la ciudad. La gente ha salido de sus casas con un entusiasmo que no corresponde en absoluto con la realidad socio-económica que vive la población. Son los únicos días del año, por encima de cualquier otro período vacacional o festivo, en los que los problemas quedan postergados una semana. Se omiten las discusiones. Se actúa sin razonamiento previo. Se vive, se disfruta.
Y vuelvo a pensar en la muerte.
La muerte es una desgracia para muchos. Un final irreversible. Conlleva tristeza a quienes se quedan y tienen que convivir con un nuevo compañero de viaje, el desamparo. Una vida que acaba, unas vidas que continúan destrozadas para siempre. Los corazones rotos se reconstruyen. Las heridas quedan siempre. Unas veces cicatrices, otras veces vacíos profundos y oscuros.
Pero también es una salida. No sabemos muy bien hacia dónde. No obstante, es la puerta de emergencia del contexto en que vivimos. Visualizo cortes longitudinales sobre mis muñecas. He aprendido que no debe cortarse las venas de forma transversal. La yugular parece mejor opción, todavía. No me preocupa lo que venga después, si es que hay algo. Necesito un final, feliz o no, para este momento. No quiero vivirlo. No quiero pasar por esto.
Cadena Perpetua. Vivir aferrado a una idea. Continuar engañado o sobrevivir al descubrimiento de la verdad. La verdad tiene varias caras. La de hoy, la fría y dolorosa Soledad. Salgo de casa con la esperanza de despejar la mente. Busco respirar un aire menos viciado que el de mi cuarto. Llevo horas muertas sin hacer prácticamente nada, salvo dejarme hundir en mis emociones. Esperaba una propuesta que no llegó. Tal vez porque quien debía proponer esperaba lo mismo de mi. Decido llamar. Ha decido tomar una dirección opuesta a mi planteamiento. Termino vistiéndome y saliendo solo, solo como nunca. No porque no lo haya estado antes. Más solo porque tengo conciencia de mi soledad.
Camino por las calles que un día no me daban miedo. He descubierto, también, que soy fóbico. Mi ansiedad proviene de una fobia. No sé muy bien cuál. Intuyo que será fobia social. Observo, con mi avance, a la gente alrededor. Permito que la soberbia se adueñe de mi primera reacción. Orgullo: la primera línea defensiva. Actitud crítica.
No puedo, lamentablemente, frenar el cambio de actitud. La melancolía llega. Recuerdos de tiempos pretendidamente felices. ¿Por qué me he alejado de todos y todo? ¿Voy a seguir haciéndolo? Y una retahíla de preguntas que vienen a reafirmar el mismo tipo de duda y cuestión.
Morir o Vivir. Vivir así, morir ya. Triste juventud y madurez vacía. Final romántico. Paz. Calma. Quisiera poder elegir entre Pena de Muerte y Cadena Perpetua. Creo, no obstante, que no tengo opción. La elección está tomada. La decisión es inamovible. Voy a vivir. Ahora, quisiera sentir que vivir dejará de ser en algún momento una cadena perpetua.
Victoria, necesito Victoria.
Y hasta aquí esta muestra de una crisis emocional provocada por las mismas razones que ayer me tentaban a la oscuridad.
Lo triste sería pensar que en un año no ha cambiado nada la situación. En verdad no lo ha hecho. Pero sería sorprendente y delatador que yo no hubiese cambiado nada de actitud. Puedo decir que la tendencia es a caer, pero intento razonar y mantenerme en calma para hacer lo que realmente importa ahora: estudiar. No lo consigo del todo. Estoy a medio camino, como el reformismo borbónico...
En fin, vuelvo a los temas.
Estudia, no seas covachuelo.
ResponderEliminarEso hago, estudiar. Aunque cueste demasiado algunas veces...
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