Estoy cerca de la rendición. No es una derrota. El balance final puede parecérsele. No es una derrota.
Quizá sea verdad que todo tiene un límite. Al final, para bien o no, será lo mejor. No se puede vivir permanentemente en una transición. Cada proceso tiene sus fases. Conseguir un objetivo implica un esfuerzo, una acción, un trabajo. Cuando el primer intento es fallido, tras un período de duelo, ponemos en marcha, de nuevo, el motor que nos lleve a la consecución de nuestro propósito. Cuando fracasamos por segunda vez, el lamento se hace mayor. Tanto que cuesta recuperarse y encontrar voluntad para volver a luchar por el sueño. Sin embargo, es posible. De hecho, repetimos una y otra vez, siempre que no desaparezca la aspiración.
Mi problema debe ser que me he perdido en el transcurso de una de esas caídas. Debí pensar que me había recuperado y lo intenté, por ello, una tercera y una cuarta vez. Pero lo he hecho por inercia. Por la misma fuerza que me incita a realizar muchas de las tareas diarias. Y no son formas. No lo son, al menos, para alcanzar determinadas metas.
Cuando desaparece la ambición por el objetivo, cuando lo único importante es cumplir con las obligaciones, la lucha carece de sentido. Nadie combate por algo en lo que no cree. Y si lo hace, lo hace por motivos distantes del premio a lograr.
Y es que este mundo es para quien sabe enfrentarse a lo que se le presenta; el que acepta las reglas y decide qué hacer con ellas; ése que lucha por su bien y, más todavía, disfruta de sus ganancias. Al no valorar los puntos intermedios, no tener en cuenta las pequeñas victorias y, lo que es peor, quedarse únicamente con la (gran) derrota, se está caminando hacia un final.
Por eso, a veces, siento que no estoy viviendo, que (todavía) estoy dentro de un cuerpo y de una vida que no me pertenecen. Percibo con indiferencia. A veces, vuelvo a los catorce años al pensar que, con suerte, al despertar a la mañana siguiente todo habrá cambiado. Regreso a la ingenuidad que me llevaba a creer que todo era una prueba y, como tal, tendría su final. Después, todo sería normal. Sólo es mi tendencia conductual, mi fe en lo sobrenatural.
Antes me enfadaba al pensar en la injusticia. El bien y el mal, no sé. Mi concepto sobre lo que está bien se ha mantenido intacto. No tanto lo que siento que está mal. Me revienta pensar que este año será distinto. Cuando hablo de ello, insisto en que este es el año. Cuando pienso en ello, deposito todas las esperanzas que soy capaz de engendrar. Lo digo. Termino creyéndolo. Pero en mi fuero interno sé que no es verdad. Ha de hacerse más de lo que hago, lo sé. No es cuestión de merecer o no el triunfo. Hay que cumplir.
Y yo no cumplo porque estoy perdido, no sé ni cuánto tiempo hace. Siempre he oído que las oposiciones son una carrera de fondo, que sólo alcanza la meta el que resiste hasta el final. Y se acerca a la verdad. Pero, no basta con resistir, hay que hacerlo luchando, poniendo interés, echando el resto. En mi caso no sé si es por falta de madurez, por miedo a la realidad inherente a aprobar la plaza, por incapacidad personal, por desidia o simplemente insatisfacción. Sea como sea, sigo intentándolo, agotando el tiempo y las opciones, sin entrega alguna.
Es cansancio, supongo. Siempre lo hemos dicho, quema demasiado. Espero que sólo sea una noche de debilidad. No pensaré en el tiempo que queda, no en lo que debería haber hecho, ni tampoco en lo que queda por hacer. Seguiré el ritmo, estudiaré y, llegada la hora, lucharé con las armas y conocimientos que haya obtenido hasta el momento.
Y lo mismo para el resto de cosas que, en mi vida, funcionan de la misma forma que mis estudios de oposición.
El diablo te está tentando. Te en cuenta que los caminos del Señor no son fáciles, tendrás obstáculos, los reconocerás pero no por ello debes parar. Para construir tienes que ser valiente y fuerte. Valiente de espíritu y fuerte de corazón. Ahora toca sufrir y resistir. Disfrutar del camino, que es duro y nada apetecible. Ya tocará tumbarse a la bartola.
ResponderEliminarÁnimo. Aleja al diablo que te tienta con cantos de sirena y voz de actriz de series.
Un abrazo.