Mi plan está en marcha. Llevo semanas enteras, quizá meses, preparando la coartada. He movido con perspicacia y soltura cada una de las fichas del juego en que he convertido mi vida este año. Como cada año, por estas fechas, las circunstancias devienen tal y como las he premeditado.
A posteriori parece muy sencillo manipular a las personas para conseguir que hagan lo que tienes pensado. Es una verdad a medias. Algunas personas son muy fáciles de guiar por el sendero marcado. Otras suponen mayor esfuerzo, pero no alcanzan los límites de mis posibilidades. Al final, como cada año, insisto, consigo que la realidad sea acorde a mis pretensiones, convirtiéndose en una verdadera e irrebatible excusa para el también reiterado fracaso.
Una vez conseguí que mi familia tuviese la culpa. Otra que mi estado de ánimo no fuera el apropiado para el éxito, todo por culpa de la distancia y las decepciones. Algunas veces conseguí razones médicas. Y no fingidas, reales. Es una muestra del inmenso poder que alcanzo cuando me propongo argumentar mis intentos fallidos. Finalmente, este año he logrado extender un rumor en mi trabajo. Bueno, si atendemos al rumor lo de trabajo es en sentido figurado, porque trabajar parece que no trabajo demasiado.
Pero no estoy hablando por hablar. Daré hechos que ratifiquen cómo he llegado al éxito en la preparación de la coartada para el fracaso. Es decir, cómo he ido preparando el terreno para poder justificar mi verdad: que soy incapaz de cambiar por mí mismo; que no apruebo la oposición porque no quiero; que prefiero sentirme mal y poder lamentarme.
- He conseguido que un compañero no me hable.
- He conseguido que hable mal de mí delante de muchos compañeros.
- He colaborado en la difusión del rumor que pone en cuestión mi esfuerzo diario.
- He llegado a ser comparado con la tía más perra que hay en la empresa en estos momentos. (Al menos en un nivel profesional similar, porque hay cada ejemplar en otros niveles...).
- He pasado de ser aceptado por todos a poder hablar con libertad únicamente con 3 o 4 personas.
- He sembrado la desconfianza en mis superiores.
Ahora ya puedo decir que estoy mal; que me siento culpable; que no entiendo qué he hecho mal; que no lo merezco. Y todo para que dentro de dos semanas pueda decir que no he aprobado porque no estaba bien. Vamos un plan maquiavélico perfecto.
Y hasta aquí el sarcasmo. Lo único que puedo agradecer a quienes me creen capaz de urdir semejante plan y, mejor todavía, de llevarlo hasta el éxito, es que me consideran muy, pero muy inteligente. La cuestión es, ¿acaso no es más fácil conseguir lo que se quiere frente a preparar las excusas para la ausencia de éxito? Quizá crean que soy tan idiota como inteligente me hacen con sus más que absurdos pensamientos en esta teoría de la prevención del FOSP (del islandés: síndrome de fracaso post-oposicional).
Ahora, una vez más, toca estudiar.
Y al Señor Melena (el 'Salvador'), a su amigo Alisio, a la tía más perra y a quienes han participado de los improcedentes comentarios sólo me resta decirles, que si mi plan (el único que tengo) va como debería, no volverán a tener la oportunidad de darme la despedida que me han ofrecido hoy al coger las vacaciones.
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