Muchas veces, delante del espejo, repito estas dos palabras. A veces las digo al compararme, al mirar. Otras veces cuando tengo pensamientos poco optimistas. Y las digo incitándome a tener paciencia, a esperar sabiendo que todo llega, que las cosas vienen a su debido tiempo.
Algún día... despertaré en mi propio hogar.
Algún día... trabajaré en algo que me satisfaga.
Algún día... me sentiré completo.
Algún día... superaré las pérdidas, aceptando la realidad.
Algún día... estaré tranquilo.
Algún día... conseguiré ser feliz, con lo bueno y lo malo que tiene la vida.
Algún día... sabré que todo mereció la pena.
Algún día... dejaré de intentar averiguar lo que los demás piensan o sienten.
Algún día... me gustaré frente al espejo.
Algún día... venceré mis miedos.
Algún día... viviré.
Y, ¿hasta entonces? No lo sé. No se puede vivir esperando. Hay que vivir. Ahora es el momento. Cada día. Las cosas, como digo, llegan a su tiempo. Y cada vez las tengo más cerca. No puedo desistir, tengo que seguir luchando, debo encontrar fuerzas para aguantar las últimas semanas (y los últimos meses) hasta que, por fin, lleguen (algunas de) las metas.
Algún día... todo va a cambiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario