10 de marzo de 2009

La "Conversación"

Tengo pendiente publicar una entrada. La tengo pensada desde el viernes, aproximadamente. Sé muy bien qué quiero decir, cómo quiero hacerlo y, si no la escribí entonces, es porque era necesario que algunos acontecimientos ocurriesen en la realidad, que pasasen desde mi pensamiento (o expectativa) al mundo real.

Ayer di un paso enorme. Puede que, desde fuera, nadie pueda verlo como tal. Sin duda, para mí fue decisivo. No me sorprende, he hecho cosas similares en otras ocasiones. La vergüenza estaba presente. Pero se me ofrecía seguridad y confianza plena, y pude avanzar. No lo he hecho solo, como de costumbre. Ya llegarán tiempos mejores.

No me arrepiento. Me alegro, totalmente. Es algo que quería hablar desde hacía unos meses. He tenido algunas oportunidades que desaproveché hasta que, finalmente, llegó el momento. "Lo he dicho" o "Se lo he contado" son frases que desde la tarde hasta hace unas pocas horas ocupaban, descontrolada y repetitivamente, mi pensamiento. Sigo inquieto. No he caído. Bueno, he tenido unos minutos de riesgo. A veces es tan sencillo dejar que ocurra, es imposible resistirse todo el tiempo.

Todo el mundo me ha notado distinto. Unos piensan que hoy estaba serio. Algunos que, quizá, mi semblante era resultado de la cita médica. Y no es una idea del todo alejada de la verdad. Unos pocos han pensado que sigo siendo muy raro y me hace gracia, no pueden imaginar que soy totalmente opuesto a como me presento ante ellos. La peluquería no es mi lugar favorito. Bueno, los que quedan ni siquiera se han percatado de mi seriedad. No importa, nada importa lo que piensen.

Tengo ganas de que pasen unos días; de observar con detenimiento las palabras dichas, las metáforas empleadas y, sobre todo, las respuestas recibidas. Tengo la sensación de haber dejado el diálogo a medias. Siento que falta algo, una pieza que complete y ponga punto al tema.

Tengo una extraña sensación.

No quisiera darle demasiadas vueltas al asunto. Quiero, de hecho, aprender a no pensar excesivamente, a dejar que las ideas fluyan, a parar de recrearme en los juegos de palabra, en los gestos, como si fuese poseedor de un conocimiento o capacidad superior que me permite obtener, con certeza, conclusiones fidedignas e irrebatibles. A veces las palabras no vienen acompañadas de connotaciones, tan sólo denotan su significado objetivo. Y mi tendencia, por si acaso existen dudas, es la de buscar obsesivamente todos los posibles mensajes ocultos. Lo peor, que no me quedo con eso, sino que de entre todas las posibilidades elijo, por inercia, la más negativa.

Esta vez es distinto. El proceso, el segundo de los procesos, deja ver claramente la evolución. No sólo me ha conducido a este encuentro sino que me ha otorgado herramientas para sobrellevarlo.

Además de las frases señaladas, mi pensamiento también ha insistido en la necesidad de una llamada para comprobar que todo está bien, que nada ha cambiado. Objetivamente puedo decir que sí ha habido un cambio, he superado (hemos superado, mejor) un límite que impuse hace ya demasiado tiempo. También he pensado en el abrazo que quise pedir y no reclamé. Al igual que con la llamada, detuve el impulso. Si quiero alcanzar la independencia de la que hablaba en otra entrada, debo superar estos comportamientos con aquellos de los que dependo.

En cualquier caso, estoy feliz. Nervioso todavía, pero feliz. Claro que, si esta entrada puede considerarse como una esperanza, no puedo obviar el miedo que nace inherente. Miedo a la pérdida, miedo a dar marcha atrás. Si a veces, quizá excesivamente, rememoro el pasado como un tiempo mejor (un pasado concreto, el universitario); no puedo, no obstante, olvidar que también he tenido años negativos que no quiero revivir, meses de distancia e incomunicación.

Mi deseo, que sigamos adelante, sin descanso, aunque con control, sin caer en la dependencia, sin buscar protección o cubrir carencias emocionales.

Al final no haré la llamada, por el momento. Igual si escribo un mail. En el fondo este texto es otro de esos impulsos. No puedo evitarlo. Por un lado, porque me gusta recoger estos pensamientos, estas circunstancias especiales, aquí en el blog (como prolongación de P,I. NE.). También, porque no puedo contener la necesidad. Lo peor, hoy no he estudiado.

4 comentarios:

  1. ¿Por qué no pruebas a escribir sobre Martín en 3ª persona? El resultado puede ser una nueva conciencia.

    Juan

    ResponderEliminar
  2. Buena recomendación.
    Igual que necesito ver fotografías para alcanzar un visión correcta de mi mismo, leerme indirectamente puede darme un punto de vista cercano a la realidad o, como mínimo, más objetivo.

    Veremos qué saco!

    ResponderEliminar
  3. Me he quedado con las ganas de saber de qué conversación se trata!

    ResponderEliminar
  4. Quédate con la idea de que la conversación fue algo positivo, un paso adelante en mi segundo proceso. El contenido es lo de menos, no por falta de importancia, sólo porque el texto hace referencia al hecho de "caminar de frente".

    Un abrazo!

    ResponderEliminar