20 de marzo de 2009

El 'Campañas'

Así me llaman ya, el "Campañas".

Tengo unas cuantas entradas pensadas, algunas pendientes de ser terminadas, otras que tan sólo son ideas.

El cambio marcó mi viernes. Cuando todo parecía seguir su curso habitual, la casi esperada noticia llegaba. Dejo, temporalmente, el puesto de trabajo que llevo ejerciendo desde hace cerca de tres años. La crisis, de la que todo el mundo habla aunque la mayor parte del tiempo se presente como un rumor, empieza a hacerse sentir. Continúan, por el pueblo, el cierre de fábricas; se oyen despidos y dramas familiares. Sigue sin tocar directamente a nadie de mi entorno, ni familiares, ni amigos ni siquiera conocidos. Yo sigo optimista, valga la paradoja, y mantengo que pronto vendrán tiempos mejores. Poco entiendo de economía y menos me he informado, así que nada puedo decir.

En Cuatrocaminos los efectos del fenómeno se manifiestan en el descenso de ventas. Un descenso palpable, aunque no preocupante. Primero fueron las no renovaciones de aquellos contratados temporalmente. Ahora llegan las reestructuraciones de los fijos. Sigo pensando que todo se trata de una técnica de proteccionismo en la que el objeto que se pretende cuidar no son ni los empleados ni los clientes, la lucha es mantener el beneficio. No importan demasiado las personas, ni las de fuera, ni las de dentro.

Como sea, el caso es que abandono, forzosamente y sin resistencia, mi lugar de trabajo. Mi pasillo ya no es mi pasillo. Mis libros ya no serán mis libros. Ya no hablaré con los proveedores, ni con los comerciales de las editoriales, ni estaré informado de las novedades y los lanzamientos. Ahora venderé muebles de jardín, pérgolas, tumbonas y hamacas. El cambio de sección, jefe y compañeros, no viene acompañado de mejoras. No cobraré más. No amplían mi jornada parcial a completa. No cambian, al menos por el momento, mi horario. Me alejan de mis apoyos emocionales, también de mis "enemies".

Veremos cómo me siento a partir de mañana, lunes.

Tengo una esperanza. Espero que el, en teoría, empeoramiento de las condiciones laborales se torne en positivo como una razón fuerte para centrarme por completo en el estudio, dedicar con ahínco el tiempo que queda hasta que la oposición comience de nuevo. Ojalá sea un aliciente para luchar de verdad, una vez por todas.

Echaré de menos los briefings matutinos, los comentarios sobre baile y bailarines, las recomendaciones literarias y fílmicas. Extrañaré a algunos compañeros. Y, sobre todo, hacer lo único que me gusta hacer en esta empresa.

Me dedicaré, sin entregarme como antes, a mis nuevas ocupaciones. Al final, son ellos los que pierden. Dejan al frente de mi sección a dos personas que no llegan a los niveles deseables, una por tener arraigadas unas pautas de comportamiento contraproducentes, la otra por su incapacidad personal y su falta de aptitud e interés. Desaprovechan el potencial que tantas veces han reconocido que poseo, para ponerme al frente de algo que cualquiera podría hacer. Y lo hacen por la confianza que me tienen, o eso dicen. Tendré que creerlo, puesto que llegada la Campaña de Texto, mi campaña, regresaré al puesto que nunca debí dejar, demostrando que la misma es mi cruz y que puede llevarla hasta donde me pidan. Pero ya lo he dicho, no voy a esforzarme ahora, ni por la campaña "del buen tiempo" ni, llegado el momento, la campaña "de juguetes".

Seré el "campañas", sí. Pero lo seré a mi manera. Ahora trabajaré con menos empeño, con menos dedicación, más desinteresadamente.

El cambio ha llegado, pero no esperan las consecuencias.

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