13 de marzo de 2009

Primera vez

El viernes pasado pensé que debía escribir esto. Todavía no había ocurrido nada, pero sabía que nuestra primera vez (juntos) sería especial. Sé que nunca olvidaré ese día. Lo pasamos genial. Desde muy temprano hasta entrada la noche.

El lugar escogido fue perfecto. La naturaleza ofrece formas espectaculares. El pueblo, pequeño, nos acogió rápido. Caminamos hacia nuestro destino. Una vez allí, hicimos lo que queríamos hacer, lo que habíamos planeado. Al principio estuve nervioso, mucho. La idea preconcebida no era cercana a la realidad. Sí lo eran los nervios. Imaginaba que, llegado el momento, me pondría histérico. Nada más empezar se me aceleró el corazón. Después con la repetición, ganando experiencia, logré alcanzar la calma, sin perder la excitación, pero disfrutando. No sé cuánto tiempo pasó, sólo que el goce fue general. Al terminar, supe que debíamos volver allí en otra ocasión. Volveré, espero.

Caminamos de nuevo hasta encontrar el lugar para celebrar (mejor, continuar celebrando), descansar y reponernos físicamente. Lo cierto es que la comida no fue suficiente para obtener una fortaleza aceptable para el resto del día. Quedé roto. No tengo costumbre. Aún esta mañana podía encontrar alguna molestia en mis articulaciones.

Por la tarde, antes de regresar a la Ciudad, hicimos una parada. El lugar no era tan especial como el de la mañana, pero se nos antojó apropiado. Caminamos, reímos, nos disfrazamos e, incluso, corrimos. Unas cuantas fotos inmortalizaron estos y los momentos previos. Creo que debimos tomarlo con más calma. El recóndito paraje exigió un esfuerzo físico que terminó de abatirme.

Ya en la Ciudad descansamos, nos duchamos, merendamos y nos preparamos para continuar. Queríamos alargar el día, hacerlo eterno o, como mínimo, más duradero. Una cena supuestamente exótica nos ayudó para vivir las últimas horas. Cenamos, bebimos, anduvimos, hablamos, reímos, contemplamos el mundo nocturno y la fauna que lo habita. La falta de costumbre, el cansancio y las obligaciones del día después, pusieron fin a la noche de fiesta. Nos retiramos. Empezamos algo que no terminaría hasta el lunes. Y dimos por finalizada la primera vez...

La primera despedida de soltero es sin duda especial. No siempre las primeras veces lo son, pero para mí (al menos) ha sido un gran día. Las "Covetes dels Moros" me impactaron, me aceleraron el pulso y, como digo, me rompieron. La subida a la montaña, disfrazado, me terminó destrozando. La ducha y la merienda supusieron, junto a la compañía, otro momento que no olvidaré. Y por la noche, pese a nos disfrutar de la fiesta como el resto de gente, me divertí (como la mayor parte del tiempo que pasamos juntos).

Lo pasé en grande... la primera vez.


Post entrada (o Post post, jeje): pensé escribir esta entrada para contrastar con el tono serio, melancólico, triste o negativo de la mayor parte del blog. Se me ocurrió que podía tener gracia. No sé si lo he conseguido, pero seguía apeteciéndome recoger aquí este acontecimiento. Escrito está.

1 comentario:

  1. Aún tengo heridas, rozaduras.

    El texto parece una cosa, primero. Luego, aunque creas que lo revelas habiendo engañado al lector, lo confirmas. ¡Joder, "Martín"! ¿A cuantas te has follado?


    Fdo: El soltero de oro

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