Después de todo lo que conté en la entrada anterior, ayer intenté que la tristeza no durase mucho tiempo. Quise impedir una caída emocional. Aproveché que las circunstancias trajeron una llamada telefónica (que llegaba con retraso) y decidí cumplir con una promesa anoche mismo. Así que pasamos la tarde escogiendo comida, planeando la preparación, la distribución, teniendo en cuenta los gustos de nuestros invitados. Por fin, y después de varios intentos fallidos, vendrían a cenar los únicos que permanecen en mi mundo tras cerrar la fase de Cuatrocaminos.
Pensé que me sentaría bien distraerme recordando momentos vividos, conociendo las novedades más interesantes de los últimos meses en los que yo no estaba, criticando a los de siempre y, sobre todo, poniéndonos al día con lo último de nuestra vida personal. Porque si hay algo que nos une no es haber compartido un lugar de trabajo.
Han pasado meses desde la última vez que tuvimos conversaciones como las de anoche. Y aunque podría decir que todo sigue igual, sé que no sería absolutamente cierto. Las personas tenemos momentos mejores y peores, todo el mundo lo sabe. Estas personas no están pasando por uno de los buenos. Me tienen acostumbrado a eso, pero esta vez, aun tratando de no demostrarlo demasiado, vi desconcierto y preocupación en unos ojos, tristeza y cansancio en otros y, en los terceros, mucha ansiedad. No creo que los acontecimientos sean tan graves como para pensar en graves consecuencias. Más bien todo lo contrario, un pequeño bache en una vida más o menos ordenada (al menos en los dos primeros). En la tercera, es cierto, las cosas vienen de atrás y todavía permanecerán durante unos meses o algún año, no sé. Pero, en este caso es algo inevitable. Lo superará, sin duda.
Pero no me encuentro en este estado por las noticias recibidas, más cuando digo que casi no hablaron de estas cosas, sólo las pude identificar en algunas frases y, sobremanera, en sus gestos. Estoy así porque comí bastante, y no eran horas. Cuando me acosté, además de cansado y con la cabeza cargada, me notaba empachado. Supongo que más por la comida fue que volví a beber oro líquido. No he dejado este vicio, pero sí he cambiado sustancialmente mi hábito de consumo. Ahora casi nunca bebo y, cuando lo hago, casi no puedo beber dos vasos seguidos.
Pero ayer era un día difícil. Fue uno de esos días en los que, cuando volvía caminando del trabajo, paraba en el mismo kiosco a comprar la botella más grande de este líquido. Entonces bebía porque estaba triste, con pocas ganas de hacer nada, con muchas ganas de rendirme. Ya el jueves di el primer paso para volver a ser el mismo de entonces. Tuve control. Anoche no. Tampoco es que bebiera más que nunca, para nada. Es sólo que he perdido la costumbre.
No obstante, más allá de la posible (o poco creíble) resaca física por consumo de un refresco cola o por engullir bastantes alimentos, tengo resaca emocional. Demasiadas emociones en un mismo día: el concurso perdido, la apuesta laboral perdida, la ausencia de noticias y retos, las fechas en las que estamos, los últimos acontecimientos familiares, mi dolor ante la incertidumbre de algunas cosas importantes, las conversaciones que necesito tener y cuando las tengo en lugar de ofrecerme calma espiritual me producen mala conciencia, el sentimiento de culpabilidad que nunca me da tregua, los problemas de los que me importan, las circunstancias irremediables, mi tradicional acomodamiento en la mierda afectiva, mi inacción, mis quejas constantes, el desánimo actual y, otra vez, la culpa.
Quisiera explicarme mejor, identificar con claridad y transmitir lo que me pasa, los elementos que me han dejado la sensación de resaca. Pero parece que sigo sin cumplir con ninguno de los tres argumentos de la plegaria de la serenidad. Ni acepto lo que no puede cambiar, ni tengo valor pues soy un cobarde, y, lo peor, no distingo entre lo que puede y no puede cambiarse. Siempre dudando, siempre inseguro, siempre culpable.
Lo dejo aquí porque esta entrada no es más que una manifestación de mi autocompasión. O quizás no.
P.D. Según blogger esta es mi entrada 100. No es del todo cierto, pues tengo un par creadas que no llegué a publicar y siete u ocho que son borradores o títulos para futuras entradas. Así que esperaré a celebrar el honor de haber llegado a mi centésima entrada cuando sea totalmente cierto.
P.D. Según blogger esta es mi entrada 100. No es del todo cierto, pues tengo un par creadas que no llegué a publicar y siete u ocho que son borradores o títulos para futuras entradas. Así que esperaré a celebrar el honor de haber llegado a mi centésima entrada cuando sea totalmente cierto.