28 de octubre de 2010

Oportunidades

El primero, fui con miedo y sin esperanza. Sólo por probar y ver qué pasaba. Y así fue.

El segundo, casi lo mismo. Hice un gran esfuerzo y tuve expectativas, al tiempo que esperaba, casi deseaba, el mismo resultado. Y llegó.

El tercero, superé la barrera. Entré en el grupo de seleccionados y tuve una excusa para el resto del año. Ganaba y perdía, a partes iguales.

El cuarto, algo cambió. Intenté, de verdad, conseguirlo. Quedó en eso, un intento. Tuve la misma excusa, pero ya no me servía ni siquiera para mí. Quizá fue el peor de todos; porque ahora sí quería y no lo había conseguido.

El quinto, fue el primero que fui sabiendo que lo haría. Confié, como nunca, en mis posibilidades. Resultó que con voluntad y confianza, a veces, se llega. Mi vida cambió. Conseguí un sueño. Y, mejor todavía, di pasos que no pensé que podría dar. Avancé. Fui feliz.

El sexto, sin tiempo y con ganas, conseguí el mismo fruto. Da lo mismo, pues aun siendo igual, no tiene el mismo efecto. Y, peor, las cosas han cambiado y ni siquiera puedo disfrutar del premio alcanzado el año anterior. Sigo esperando, sigo desesperando, sigo preocupado.

¿El séptimo? Todo apunta a que no lo habrá. Y si se confirma, y ya es casi seguro, no sé qué puede pasar. Desconocer es, en este caso, equivalente a no tener el control. Cuando no tengo en mis manos las riendas, pienso de todo, pero nada bueno. Y en esas estamos ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario