9 de noviembre de 2010

De ilusiones y miedos

Los últimos días han sido diferentes al resto de los días en mis últimas semanas.

Primero fue porque me enteré de algo interesante. Bueno, para mí lo es. Es alguno minúsculo, con muy poca importancia, pero me apetecía probar suerte. Estuve indeciso y casi a última hora decidí intentarlo. Ahora sólo queda esperar. Eso sí, me hacía más ilusión a priori. Lo que pasa es que no tenía inspiración. O, peor, carezco de talento. Sea como sea, todavía existe una posibilidad, no sé si pequeña o diminuta. Pero, existe. Ahora, sólo queda esperar el resultado. A finales de mes lo sabré.

En segundo lugar, el sábado recibí un "reto". No venía titulado de esta forma y, de hecho, tampoco me lo planteaban como tal. Sin embargo, yo me lo tomé de este modo. Acepté sin dudarlo. Como siempre, dubitativo en cuanto a mi aptitud para conseguir algo, sobre todo tratándose de lo que es. Pero la ilusión es un fuerte motor. Así que, ilusionado, empecé el trabajo. Es cierto que la fantasía no sólo se refiere al hecho concreto, sino a lo que puede venir después. Probablemente nada, salvo nuevos retos. Por ahora, estoy contento con haber sido "premiado" con esta oportunidad. Después, ya podré valorarlo de forma más objetiva. Quizá en unos días sepa algo o más. Aunque, repito, lo más probable es que me den las gracias y un nuevo trabajo a realizar. Sea como sea, me siento agraciado.

Y como no todo puede ser bueno llegó la prueba a la que me refiero en la entrada anterior y que además se relaciona con el "séptimo" que no llega. La espera por una nueva plaza de trabajo ha sido más larga de lo imaginado. Las noticias que iban saliendo no han sido favorecedoras. La ilusión y el nerviosismo inicial ante la expectativa cambiaron, casi radicalmente, hace dos meses. Desde entonces, la espera ha sido desesperación. Días de desánimo con algún momento de tranquilidad al renacer la esperanza. Después, el miedo. Miedo a que no llegue nunca o llegue tarde. Miedo a perder algo que tanto cuesta alcanzar y logré el curso pasado.

Todo sería más fácil si no hubiese estado pendiente de cada palabra, de cada acontecimiento, de cada movimiento. Sería mejor haber vivido al margen. Pero no puedo cambiar mi comportamiento pasado. Sólo me queda esperar qué tiene el destino preparado. Es cierto que en mi mano estaba desechar la última opción, pero hacerlo suponía un alto riesgo. Y aunque tengo poco que ganar y, quizá, menos que perder, no he podido resistirme a jugármela. He dado un paso, muy meditado pero realizado impulsivamente. Ahora, como digo, sólo me queda esperar. Mañana tendré una respuesta. Puede que sea decisiva, completa o incompletamente. Pero pase lo que pase, supondrá un paso más.

Mientras espero, volveré a mi "reto". Cuanto antes acabe, antes podré tener alguna noticia. Y dadas las circunstancias, ésta podría venirme realmente bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario