En un correo de ayer La Más Grande (apodo que le di a una buena compañera de trabajo y amiga) me halagaba con una frase cariñosa. No es la primera vez y, seguro, no será la última. Tampoco es la primera vez que tengo que decirle que no sea tan humilde y recordarle que ella sí que vale. Por algo es La Más Grande.
El caso es que releyendo algunas de las entradas que empiezo y no termino, o que titulo esperando más tarde tener tiempo para darle forma, o que simplemente no les llega el momento, he encontrado varios fragmentos de la obra que hablaba en la entrada Walkabout. Fragmentos que señalé con su lectura y que dije que volvería a ellos con algunas entradas y reflexiones de temática diversa, dado que la autora, Marlon Morgan, recogía bastantes temas.
He aquí el fragmento en cuestión:
Un regalo sólo es un regalo cuando das a una persona lo que ella desea, y deja de ser regalo cuando das lo que tú deseas que tenga. Un regalo no obliga a nada. Se da sin condiciones. Las personas que lo reciben tienen derecho a hacer con él lo que quieran: usarlo, destruirlo, regalarlo, lo que sea. Es suyo, sin condiciones, y el que lo da no espera nada a cambio. Si no se corresponde con estos criterios, no es un regalo y debería clasificarse de alguna otra manera.
Pero también recordaba a personas de mi país que hacían regalos constantemente y ni siquiera eran conscientes de ello. Son personas que te ofrecen palabras de aliento, que comparten sus anécdotas contigo, que ofrecen a los demás un hombro en el que apoyarse o que, simplemente, son amigos que no te fallan jamás.
El párrafo importante, ahora, es el segundo. Se refiere a personas que son un regalo. Por suerte he encontrado unas cuantas a lo largo de mi existencia. Algunas todavía permanecen a mi lado, otras sólo estuvieron en un momento concreto, pero siempre el adecuado. Y aunque puede la que la mayoría de las entradas que escribo sean tristes, o expresen odio, o sean de tintes negativos, también tengo un lado menos malo. A veces, sólo a veces, (intento) soy positivo. Y además, aunque no lo diga tantas veces como debería, estoy agradecido a cada una de esas personas que han sido y son un regalo en mi vida.
Luego están las personas que son regalos no sólo para mí, sino para cualquier persona. Éstas son difíciles de encontrar, pero existen. Cuando encuentres una, no la pierdas. O, al menos, haz como yo: intentarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario