10 de noviembre de 2008

Pain

Dolor vivido. Dolor. DOLOR. Sufrimiento en el pasado. Sufrimiento pendiente de superación.

Ahora, al recordar, soy consciente. Normalmente, al hablar de mi vida, cuando lo hago, hablo del dolor vivido. Cuento que me he sentido mal por esto o por aquello. Resumo, frecuentemente, las fases vividas, intentando esclarecer qué hechos desembocaron en qué otros hechos, en cómo se sucedieron las distintas etapas para llegar a ser quien soy.

Sin embargo, y de nuevo por culpa de un mecanismo de defensa, he ido tapando el dolor, cubriéndolo con capas y capas de olvido. Tratando de enterrar el sufrimiento y hacer como que nunca ocurrió.

Pero el Segundo Proceso, el de cambio psicológico, ha conseguido que surjan recuerdos del pasado olvidado, que vengan a mi mente imágenes de aquellos tiempos. He recordado con detalle cada uno de los momentos que empezaron a crear el COMPLEJO hace ya más de 15 años. A modo de imágenes, casi fotografías. Y con ellas, vuelve lentamente, el dolor vivido entonces.

Es extraño, mucho, revivir aquellos momentos. En realidad, nada era tan grave como lo hice, o como con el tiempo fue haciéndose. El aislamiento que en aquel momento produjeron fue el origen, la creación de mi mundo lejos del mundo real. Nacía entonces, pues, la separación, la distinción, las murallas,... surgía mi Castillo.

No obstante, creo que el dolor experimentado en las dos últimas semanas no es el de aquel niño que se sentía menos que los otros niños, que se veía diferente, que se sabía enfermo. Más bien, el dolor es contemplar como adulto la enfermedad vivida por un niño, indefenso, solo, sin entender qué le ocurría. Pensar cuánto dolor he vivido y no haberme dado cuenta hasta ahora.

Y ahora entiendo porqué cuando me hablaron de un niño, un alumno, con Síndrome de N., salvando las enormes distancias, me sentí mal por él. Me emocioné pensando cuánto dolor le quedaba por pasar, cuánta incertidumbre, cuántas horas de rabia o de tristeza. Y, como digo, lo mío a su lado, nada es, pero él podría comprender al niño que fui, el dolor que sentí.
Al menos, el dolor pasa, creo.

1 comentario:

  1. Coge una foto de entoces, coge una foto de ahora. Recorta tu silueta en las dos fotos. Pega una silueta a la otra. Ve al campo, a un acantilado o lugar en alto, a la luz del sol. Ve y recita estas palabras: "Soy sin querer, vivo queriendo, soy el que fui, fui el que soy. Soy el que seré, seré el que soy. Nunca seré el mismo, nunca cambiaré. Vuelve y vuela".
    Deja volar tu doble efigie inseparable. Espera a que dejes de verla. Tú eres, pero ya no te ves. Piensa en la próxima doble efigie, dentro de 10 años. Volverá desde algún sitio que tú desconoces.

    Esto es Psicomagia. Si quieres, puedes ir a París a que te lo diga o-JODOROsky. Pero yo te conozco mejor. Si no quieres hacerlo, imagínatelo o, símplemente, imagina las consecuencias de haberlo hecho. Si rascas más, verás que es un símbolo, pero reconoces que los hechos simbólicos nos afectan más que verlos o imaginarlos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar