3 de noviembre de 2008

It's done

Lo hecho, hecho está.
No hay más.
No, no estoy convencido. El pasado, pasado es. Y lo ocurrido no puede cambiarse, de acuerdo. Pero sí puede modificarse la forma en que afecta a nuestro presente.

En Historia hablamos muchas veces de los distintos "tiempos". No voy a exponer la clasificación de F. Braudel, ni explicar la diferencia entre hecho o acontecimiento, coyuntura y estructura. Sí emplearé un recurrido enunciado, aquél que reza "conocer el pasado permite comprender el presente". Es decir, para comprender el presente, cómo es la realidad, es fundamental estudiar el pasado, el camino seguido hasta el momento actual. La historia como evolución. El pasado como causa del presente. Los cambios de realidades.

El análisis de los tiempos pretéritos, por otra parte, ofrece en Psicología conocer los orígenes y causas de determinadas conductas o pautas comportamentales. Poder modificar nuestros hábitos requiere un alto nivel de auto-conocimiento. Y no basta con analizar la forma en que actuamos ante una situación concreta; es necesario proceder a analizar los vínculos emocionales que relacionen nuestro presente y nuestro pasado, nuestra Historia Personal (que diría P. Coelho). Porque, en realidad, se trata de eso, de hábitos prodecimentales adquiridos a lo largo de nuestra vida a través de la experiencia.

Podemos o no creer en esto, que existan o no las relaciones vinculantes entre cosas dispares y tan distantes en el tiempo. Sin embargo, la forma en que actuamos, reaccionamos o emprendemos decisiones, viene directamente decidida desde nuestra personalidad. Y ésta, no hay duda, se debe a las experiencias vividas. De modo que, en resumidas cuentas, lo vivido nos ha enseñado las herramientas, adecuadas o no, para seguir viviendo. Quizá resulte simplista, pero muy cierto.

A veces, por ejemplo, comentamos no saber cómo reaccionaríamos ante el contexto al que se enfrenta nuestro interlocutor o algún tercero. Puedo afirmar, sin riesgo de equivocarme, que no todos sentimos las cosas de la misma forma. Pero, que no existe un modo distinto por cada persona. No pienso en hacer clasificaciones, eso llevaría a error, seguro. Diré que creo en la existencia de grupos o categorías de reacción ante el hecho concreto.

En mi caso, he intentado varias veces escribir una historia de mi vida. Una vez, en el colegio, se nos pidió para "Sociales" una autobiografía. En ella, teniéndola como pretexto, Don Ángel (así se llamaba el maestro) consiguió que aplicásemos algunos de los métodos y técnicas historiográficos. Elaboramos un eje cronológico con acontecimientos importantes en nuestra particular historia y en la de los nuestros. Comparamos nuestro modo de vida con el de nuestro padres y con el de nuestros abuelos. Trabajamos con mapas geográficos para indicar los lugares en los que habíamos estado. Recopilamos información, fotografía, etc. Realizamos un trabajo de campo mediante encuestas a familiares sobre hitos clave. Y algún que otro ejercicio que ahora no recuerdo.

La segunda vez que me esforcé por reconstruir mi pasado o, al menos, la idea que tenía del mismo fue hace unos años. El resultado final fue mi Historial Médico. Desde la cartilla de embarazo, los papeles de las dos intervenciones quirúrgicas a las que me he visto sometido, mis reconocimientos médicos, pruebas, etc. Lástima que abandoné el proyecto, pues en estos momentos poseería más información clínica que mi historial en el Hospital Universitario. Aunque, siempre lo digo, me queda mi cabeza, que para otras cosas no, pero para recordar vale mucho.

La tercera ocasión no hace mucho. Esta vez sí intenté contar todo aquello que pudiese recordar. Ahora, poco a poco, descubro que poseo más recuerdos de los que creía tener guardados. Siempre he criticado mi memoria selectiva. ¿De qué me sirve conocer el nombre de todos los califas Omeya, por poner un ejemplo, y no recordar nada de mi infancia? Pues para mucho, la verdad. Sobre todo en tiempo opositorial.

Pero, como de lo que se trata es de conocer mi pasado para entender mi presente, necesito recordar más de lo que lo hago. Alguien me dijo una vez, o dos, que todo lo leído, todo lo estudiado, queda en un lugar de nuestra memoria, almacenado. La cuestión es conseguir o no conectar con lo que buscas en el momento en que lo buscas. Una solución válida sería apuntarlo todo. Así, teniendo un archivo informático y más fiable, se puede tener acceso a la información deseada en el momento ocurrente.

No sé si Hopes and Fears se convertirá en ese archivo, no lo creo. Aunque estoy convencido que, en parte, sí va a ser mi archivo. ¿De qué? Pues de mi presente, que al fin y al cabo, es mi pasado.


I'm done (o, lo que es lo mismo, He terminado), by now!!

1 comentario:

  1. Espero no haber metido la pata con el comentario de Psicomagia.

    No sé en qué punto de qué proceso estás. Vivo en la incógnita.

    Un abraxas.

    ResponderEliminar