Días de tranquilidad, de Higiene Emocional, que dirían los chicos de Sr. Trepador.
Recuerdo la conversación sobre mis miedos durante los períodos de estabilidad. Conocía, empíricamente, que los estados de equilibrio, mis estados, desembocaban siempre en un momento de gran tensión, una prolongada caída; eran el paso previo al regreso del dolor y la frustración. No exagero, esta vez. Estar bien era un acontecimiento precedente de mi coyuntura habitual.
Como digo, durante algunos días, mantengo la calma, me muestro sereno, cambiado. Lo mejor de esto no es si he cambiado mis hábitos o mecanismos conductuales, sí lo es, sin duda, el hecho de no haber pensado en que este momento se convertiría, irremediablemente, en una nueva crisis. Lo pensé el lunes, después de haberme escuchado decir lo apacible que se me presenta el nuevo año o, como mínimo, sus primeras semanas. No es lo propio. Yo afirmando mi bienestar personal, nadie lo creería.
Sin embargo, es una realidad. No descarto estar equivocado. Puede que, llegado el momento, me alcance un estacazo; puede que no. Puede que sean los primeros días de una vida más sosegada. Quizá los efectos del 2º Proceso empiezan a notarse con mayor nitidez. Probablemente es eso, el proceso está alcanzando cotas perceptibles.
Cuando inicié (iniciamos, en verdad, pues tuve compañeros de viaje) el primero de los procesos, lo hice con una enorme ilusión unida a una preocupación considerable. Necesitaba tanto el cambio, pero era incapaz de pensar en él como un suceso radical. Y, precisamente, eso fue lo que se me dijo: no vamos a hacer en seis meses, lo que normalmente ocurre en dos años. Tenía la esperanza de finiquitar, de una vez por todas, aquella peculiaridad que se me antojaba maldición. Surgió, entonces, el miedo. Miedo a lo que desconocía. Miedo a lo que iba a sucederme. Sobre todo, miedo a la reacción de la gente.
No obstante, como cualquier posible lector de mis entradas podría deducir, el proceso no fue el final de mi conflicto. Nacía o, mejor, se reafirmaba el conflicto psíquico. Fui advertido al respecto. No lo quise ver al principio, estaba eufórico por conocer mi enfermedad, por empezar su tratamiento. Y llegaron las consecuencias.
Fueron necesarios varios años, un intento fallido, innumerables conversaciones, cambiar de entorno social y laboral, conocer nuevas personas, mantener a las importantes, cruzar límites personales, etc. para conseguir aceptar que era ineludible el inicio del 2º proceso. Y en él me encuentro...
No sabía muy bien qué escribir esta tarde. Sí sabía que quería hacerlo. Pretendía crear una nueva entrada que diese la bienvenida a mi segundo invitado. En realidad, el tercero. Ya expliqué, si no recuerdo mal, las razones por las que dudaba en dar el enlace a los míos. Temía la influencia de este hecho sobre mi (supuesta) libertad a la hora de contar pensamientos y sentimientos. Pero tengo clarísimo que no importa que nadie me lea. Lo que escribo, lo que pienso es parte de lo que soy. Puede darme o no vergüenza. Puede suponer mayor o menor riesgo. Como sea, las tres personas que pueden visitarme, me conocen perfectamente, probablemente mejor que nadie. No me equivocaría si afirmase que, en algunos aspectos, me conocen mejor que yo mismo.
El otro día cruzaba la línea dándole a él la dirección del blog. Llevaba tiempo insistiéndome, desde el respeto, claro. Ayer lo hice contigo (y me dirijo a ti porque esta pretendía ser tu entrada, la de tu bienvenida). Mi Ella lo sabe desde el principio, aunque no me visite. Ahora estoy abriendo las puertas del castillo, un lugar que ya conocéis de algún modo.
Y hoy te doy las gracias, una vez más, por todo. Por estar ahí, por el gesto de hispasónicos, por tratar de entenderme y, siempre, siempre ayudarme.
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ResponderEliminarLos procesos que necesites son categorías que puedes ordenar y dar la vuelta, escribir, recitar, cantar y gritar, sufrir e imaginar. Luego sales a la calle, miras al cielo y das gracias a Dios por seguir vivo un día más. Te olvidas de procesos y pequeñas metas. Has cruzado una más lejana que las anteriores: seguir vivo. Ahora tienes la oportunidad de hacer lo que siempre has querido, con lastre o sin él. Tus deseos son órdenes para ti. El miedo es un juego psicológico de la inacción. Los soldados no tienen miedo más que mientras esperan entrar en combate. Lo mismo pasa con los opositores.
ResponderEliminarHaz algo, lo que tengas que hacer o lo que no sabías que podías hacer. Podrías utilizar una estrategia oblicua para tomar la cima.