30 de enero de 2009

Like them

Aquí estoy, escribiendo esa entrada que tenía pensada y que no sabía muy bien cómo enfocar. Y lo hago de la misma forma que lo he hecho todos estos años, plasmando mi pensamiento.

Distinto, como Ephram. Encontré nuestra similitud en su lado oscuro, su realismo pesimista. Él perdió a su madre, fue obligado a abandonar su vida, amigos y entorno, para ser arrastrado al pueblo que, sin esperarlo, le brindaría los momentos más trágicos y, por encima, los más intensos y felices de su vida. Su historia es indiferente, ahora. Sólo es un ejemplo de vivir en la marginación, de encontrarse fuera de su propio ámbito, de permanecer aislado y separado del mundo que le rodea. Y eso es lo que me hizo identificarme con él. Eso y Amy, por supuesto.

Diferente, como Dexter. Con un pasado traumático, una vida fingida para no demostrar el dolor interior. Ese caparazón que posee ante el mundo y ese fragmentado interior. Ése que alguna vez he señalado y comentado que algunos conocen. Nuestro Oscuro Pasajero.

Incomparable, como Max. Atormentado por ser contrario al resto, por no encontrar un sentido a la existencia. Su lucha por acabar con sus orígenes y vivir la vida como quiere y no como dicen debe vivirla. Decide escribir su propio destino, aprendiendo a aceptar su peculiaridad y a creer en sí mismo.

Distante, como Dan. Apartado de la normal cotidianidad. Obligado a vivir los avatares del azar sin formar parte de la sociedad. Sabe encontrar el camino correcto derribando prejuicios sociales. Le admiro porque lo da todo por su sueño, esperando pacientemente y tomando, cuando puede, los pasos en esa dirección. Lucha de clases.

Peculiar, como George. Intenta, como yo, conseguir lo que merece. Anhela ser reconocido como debería. Brilla cuando es el momento y deja que brillen, cuando les toca. Encontrar un equilibrio personal y profesional es uno de sus objetivos, y lo comparto. Múltiples equivocaciones, malas decisiones, callejones sin salida de los que siempre sale gracias a los suyos, no es más que un reflejo de mi día a día.

Perdido, como John. Con una memoria selectiva. Con recuerdos preseleccionados por otros. Sin rumbo, salvo el de intentar conocerse a sí mismo. También con un pasado doloroso y un presente intenso y variado. Una conciencia de distancia, una inteligencia superior. Inexplicable.

Especial, como Georgia. Sin futuro. Tenía una vida prometedora que se ve derruida en un instante por un misterioso designio del cielo, nunca mejor dicho. Mi vida cambió, una tarde, tras una conversación inesperada y, una mañana, tras conocer a María. Cuando todo cambia y no queda más remedio que seguir con lo que resta, es necesario aprender de la nueva realidad y aceptar, poco a poco, los juegos y normas de esta sociedad. Ella supo hacerlo, yo sigo intentándolo.

Raro, como Seth. Arrinconado socialmente, encerrado en un hermético mundo paralelo. Era como un espectador de los demás, inadvertido y excluido. Una existencia que cambia cuando se hermana a otro marginado social. Una inserción al mundo real para gozar de los placeres hasta entonces negados. Pero, casi hasta el final, sólo fue un simple pedazo de realidad, sin sentimiento de pertenecer a ese mundo.

Único, como Jake. Sin pretenderlo, todo un ejemplo a seguir. Un paradigma de fortaleza ante las adversidades. Renunció a su vida, a Peyton, por otra vida, la de su hija. Superó con honestidad, siempre, cada prueba de su camino. Pero lo hizo perdiendo, a cada paso, uno tras otro, sus sueños. Los perdí una primavera y desde entonces he intentado recuperarlos, hasta que fui consciente de que nunca habían desaparecido, sólo eclipsados por el dolor.


El otro día, sin pensar en ello, descubrí el por qué de mis elecciones. Siempre he sabido que la identificación, el verme reflejado, ha sido decisivo. Me di cuenta de cómo en cada una había encontrado a un personaje, a una persona al fin y al cabo, que se parecía a mí en algún sentido. Mi "Distinto" o "Patito Feo" pretendía ser un ejercicio de escritura sobre cómo me he sentido, y siento, desde hace ya demasiado tiempo. Sin embargo, tras los pensamientos del otro día, ésta se me antojó la mejor forma; hablar de aquellos personajes que he seguido fielmente, con los que me he identificado y que me han hecho sentir, ofreciéndome en algunas ocasiones fe para seguir adelante, esperanzas si se quiere, y muestras de cómo, a veces, los miedos desaparecen.

25 de enero de 2009

Plagio

Estoy indeciso. No me decido. Sé que quiero escribir esta entrada. Y voy a hacerlo, por supuesto. De un lado, había pensado contar mis últimos días, los excesivos calentamientos de cabeza, las dudas, la desazón opositorial, la incomodidad laboral, el sentimiento de vulnerabilidad, incluso la decepción ante el resultado negativo de unas, como siempre, equivocadas expectativas.

En último momento he emprendido la escritura con una estructura pensada. No es genuina. Voy a plagiar. No ha sido ni uno ni dos, sino muchos más, los blogs en los que he encontrado (casualmente) un mismo tipo de entrada, casi siempre los lunes. En ellas, los autores escriben las cosas que aprendieron a lo largo de la semana anterior. Algunos narran sus aventuras día a día. Otros exponen aprendizajes en general. Y los más doctos plasman verdaderas sentencias irrebatibles.

En mi caso, he aprendido que:
  • no sólo no puedo cambiar el pasado, ni a las personas ni sus actos, sino que tengo que dejar de esperar sus cambios;
  • aún estando mejor (casi bien, y no es un bien de los míos), no termino de poner en marcha el motor de estudio... y el tiempo pasa rápido;
  • podemos sentirnos solos, aún rodeados de muchas personas;
  • si bien sólo los amigos pueden decepcionarte, algunos que te decepcionaron pueden llegar a sorprenderte en positivo;
  • si transijo algo o a alguien debo hacerlo con honestidad plena para evitar la acumulación de resentimientos que terminen convirtiéndose en reproches;
  • sigo siendo "reproche-boy", pero voy a controlarme, como controlo (lo intento, al menos) al apóstol de la ira;
  • quiero confiar y desconfío;
  • si nos descuidamos por un instante, nuestro personal abismo nos atrapa casi sin darnos cuenta;
  • tengo muchas ganas de leer y me falta tiempo;
  • sigo sintiéndome fracasado por no haber conseguido uno de mis objetivos, olvidando todas las metas alcanzadas, las victorias obtenidas en el camino, los logros...;
  • y, hay cosas que no sé cómo resolver, cómo olvidar y perdonar, cómo avanzar o sobrellevar.


Si bien es cierto que todas éstas no son lecciones, sí son apreciaciones que he tenido estos días. Algunas son pensamientos, otras emociones y otras son objetivos a conseguir. No sé si volveré a escribir algo así, un resumen semanal. Tampoco si conseguiré o no evitar los pensamientos negativos y alcanzar los fines planteados. Sí se, por contra, que me muestro optimista ante el hecho de ser consciente de todas éstas y otras cuantas cosas.

No sabía si volvería a escribir. Al saberme leído, pensé que me daría vergüenza, que no sabría de qué hablar, si tendría una etapa de no escribir entradas o escribir algunas de relleno. No obstante, quiero volver a hacer un recomendación cinematográfica. Será mañana, si el tiempo y las fuerzas me acompañan. Y no olvido que tengo pendiente por escribir "Diferente", post que lleva camino de titularse, finalmente, "Patito Feo". En ello estoy.

Escrito queda.

20 de enero de 2009

Diciembre

Nunca debió coger el teléfono. Sus palabras le arrastraron hasta el mismo fango de siempre. Hay muros que no deben ni tan siquiera intentar derribarse, deben ser obviados. Es necesario encontrar el camino para sortear estos obstáculos que, con frecuencia, nos ofrece el devenir de nuestras vidas.

Daniel sabía a lo que se enfrentaba. Había llegado a esa misma conclusión desde hacía meses, incluso algo más de un año. No estoy seguro de si fueron las cartas que encontró las que consiguieron que se diese cuenta, definitivamente, de su realidad o, tal vez, fue conocer a Sonia. Lo cierto es que tras descubrir el pasado de sus padres, todo cambió para él. Ella, únicamente, se unió al conjunto de factores que determinarían los últimos meses de su vida.

Las palabras pueden ser, si se quiere, muy crueles. Las noticias pueden darse de varias formas. Sin embargo, como de costumbre, la muerte de Sofía se sirvió de la forma más fría imaginable. Una triste llamada de teléfono. Sí, tan sólo unos días después de conocer las razones que tuvieron sus padres biológicos para darle en adopción y descubrir, con entusiasmo, la existencia de una posible hermana, el azar le apuntillaba con su muerte.

Sofía murió sin tener la oportunidad de conocer a Daniel. Ninguno sabía muy bien que depararía la cita que habían concertado para el fin de semana. Él le había pedido paciencia, ella, aún sin entender qué tenía que contarle este desconocido, aceptó la invitación con cierta esperanza. Y es que ella sabía de la existencia de un hermano mayor, hijo de su propia madre. Pero, tampoco ahora, era el momento para que Daniel descubriese su pasado, sus raíces.

La vida del joven informático no resultaba fácil por entonces. Parecía que una etapa de estabilidad y paz, que habían sido sus primeros 31 años de vida, estaban cediendo lugar a una mucho peor. Una etapa que empezó con su separación, tras perder, en dos ocasiones, un futuro hijo. El regreso a casa de sus padres y, sobre todo, el hallazgo de las cartas de sus verdaderos progenitores, fueron el inicio del final.

Si bien durante unos instantes, Daniel pensó que saldría de la oscuridad, la inesperada e inoportuna muerte de Sofía truncaba por completo la última luz que recibiese su corazón. Y, entonces apareció Sonia.

Soni, como le gustó llamarla hasta el final, le ofreció momentos de sosiego y placer, un hombro sobre el que llorar y, por encima de todo, el último empujón. Se convirtió en su confidente. Escuchó cada palabra, cada sentimiento que éstas contenían. Le oyó hablar de su esposa, de los fallidos embarazos, la crisis y la ruptura. Memorizó los detalles de la extraña adopción. Casi sintió la sorprendente muerte de Sofía. Pero Sonia no tuvo miedo. Daniel, por su parte, sentía que algo más estaba sucediendo, que había algún misterio encubierto en su historia personal. Y quiso averiguar qué papel habían jugado sus padres adoptivos, los biológicos e incluso su medio hermana.

Daniel enloqueció. Nunca fue completamente feliz. Tuvo momento mejores, como todos. No obstante, nunca consiguió plenitud porque, inconscientemente, sabía que había algo más. Aguantó, como pudo, los inconvenientes de la vida. Sorteó obstáculos. Vivió, a su manera, al menos. Sin embargo, el pasado noviembre sintió que era el momento. El final estaba llamándole. ¿Para qué seguir?


Y cambió de actitud. Superó la pérdida de su mujer, dejó a Sonia, enfrentó su pasado personal y, sobremanera, decidió vivir.

Tarde, demasiado tarde. Llegó diciembre. Sonó el teléfono. Daniel contesta, escucha, cuelga: acaba de descubrir que le quedan dos meses de vida.


P.D. Hoy me apetecía escribir de nuevo. Había pensado varias posibles entradas. No iniciaré ningún borrador, pues siempre los dejo abandonados hasta que los olvido. Quiero escribir "Diferente". Igual lo hago dentro de un rato, igual después. Por ahora, algo de ficción.

15 de enero de 2009

Perdido(s)

Hace unas cuantas semanas me encontraba totalmente perdido. Desconocía qué quería de mí vida, de mi mismo. No sabía si estudiar o no, de nuevo, la oposición. No estaba seguro de querer opositar. Tampoco de seguir en mi empresa actual. Y, lo que es peor, no tenía ni idea de lo que quería hacer profesionalmente. Peor todavía, no tenía claro qué quería en mi vida personal.


Desconozco cómo he llegado a esta situación. Sé que no ha sido algo rápido, radical. Más bien se trata de un proceso lógico, teniendo en cuenta mi actitud. Ya lo decía en la entrada anterior, han tenido que pasar demasiadas cosas para fomentar el cambio de actitud, el despertar.

Me viene a la cabeza cuando escribí "Abre los Ojos" en Necesidades, impresiones. Pensándolo bien, eso es lo que necesito, abrir los ojos de par en par. Ver la realidad a mi alrededor. Dejar el mundo de las ideas al margen y enfrentarme a la vida real.

Escribía entonces:

Y es que, como he dicho tantas ocasiones, me he acostumbrado a sufrir, a compadecerme y esperar lo mismo de mi entorno. Y termino cansando a los pocos que conservo, espantando a los que llegan nuevos, anulando posibilidades con aquéllos que ni tan siquiera conozco
.

Confío, manteniendo el ligero optimismo que demostraba en el post Guests, que esta actitud ha desaparecido permanentemente, me ha dejado lo mismo que el 2008, sin darme lo que esperaba, pero regalándome un período de mayor calma.

Pero no todo puede ser positivo, no tratándose de mí. Hoy, para terminar con el momento de distensión, he tenido que hacer frente a un pequeño obstáculo. He vuelto a ser, durante unos breves instantes, el Apóstol de la Ira. Dije que hablaría sobre ello. Pero no ha habido oportunidad, casi no hace acto de presencia. Incluso hoy, que digo que me ha poseído, lo ha hecho con escasa fuerza y duración. Estoy venciendo, controlando la ira, por fin.

No obstante, sigo perdido. Me emociona ver que gano algunas batallas, últimamente con una esperanzadora continuidad. Insisto, empero, sigo perdido. Todavía no termino de decidirme o, en verdad, de llevar a buen término mis propósitos. Quiero estudiar, quiero hacerlo todo, echar los restos esta vez para obtener la (ya) merecida recompensa. Voy despacio, necesito acelerar. Y, para lo demás, ya habrá tiempo.

Termino, por esta noche, con dos frases. La primera, que el título pretende ser un guiño a la mejor serie del momento, ahora que quedan escasos días para el inicio de la 5ª de sus temporadas. Aprovecho, también, para decir que dejo de lado (casi todas) las series que veo, postergándolas al verano para poder dedicarme enteramente a los estudios. La segunda de las frases, es prestada del único, aunque no el último, libro de J. Katzenbach que he leído:

Lo que era no es lo que soy. Y lo que soy no es aún lo que puedo ser.


P.D. Imagen obtenida en
Google.

14 de enero de 2009

Guests

Días de tranquilidad, de Higiene Emocional, que dirían los chicos de Sr. Trepador.
Recuerdo la conversación sobre mis miedos durante los períodos de estabilidad. Conocía, empíricamente, que los estados de equilibrio, mis estados, desembocaban siempre en un momento de gran tensión, una prolongada caída; eran el paso previo al regreso del dolor y la frustración. No exagero, esta vez. Estar bien era un acontecimiento precedente de mi coyuntura habitual.

Como digo, durante algunos días, mantengo la calma, me muestro sereno, cambiado. Lo mejor de esto no es si he cambiado mis hábitos o mecanismos conductuales, sí lo es, sin duda, el hecho de no haber pensado en que este momento se convertiría, irremediablemente, en una nueva crisis. Lo pensé el lunes, después de haberme escuchado decir lo apacible que se me presenta el nuevo año o, como mínimo, sus primeras semanas. No es lo propio. Yo afirmando mi bienestar personal, nadie lo creería.

Sin embargo, es una realidad. No descarto estar equivocado. Puede que, llegado el momento, me alcance un estacazo; puede que no. Puede que sean los primeros días de una vida más sosegada. Quizá los efectos del 2º Proceso empiezan a notarse con mayor nitidez. Probablemente es eso, el proceso está alcanzando cotas perceptibles.

Cuando inicié (iniciamos, en verdad, pues tuve compañeros de viaje) el primero de los procesos, lo hice con una enorme ilusión unida a una preocupación considerable. Necesitaba tanto el cambio, pero era incapaz de pensar en él como un suceso radical. Y, precisamente, eso fue lo que se me dijo: no vamos a hacer en seis meses, lo que normalmente ocurre en dos años. Tenía la esperanza de finiquitar, de una vez por todas, aquella peculiaridad que se me antojaba maldición. Surgió, entonces, el miedo. Miedo a lo que desconocía. Miedo a lo que iba a sucederme. Sobre todo, miedo a la reacción de la gente.

No obstante, como cualquier posible lector de mis entradas podría deducir, el proceso no fue el final de mi conflicto. Nacía o, mejor, se reafirmaba el conflicto psíquico. Fui advertido al respecto. No lo quise ver al principio, estaba eufórico por conocer mi enfermedad, por empezar su tratamiento. Y llegaron las consecuencias.

Fueron necesarios varios años, un intento fallido, innumerables conversaciones, cambiar de entorno social y laboral, conocer nuevas personas, mantener a las importantes, cruzar límites personales, etc. para conseguir aceptar que era ineludible el inicio del 2º proceso. Y en él me encuentro...

No sabía muy bien qué escribir esta tarde. Sí sabía que quería hacerlo. Pretendía crear una nueva entrada que diese la bienvenida a mi segundo invitado. En realidad, el tercero. Ya expliqué, si no recuerdo mal, las razones por las que dudaba en dar el enlace a los míos. Temía la influencia de este hecho sobre mi (supuesta) libertad a la hora de contar pensamientos y sentimientos. Pero tengo clarísimo que no importa que nadie me lea. Lo que escribo, lo que pienso es parte de lo que soy. Puede darme o no vergüenza. Puede suponer mayor o menor riesgo. Como sea, las tres personas que pueden visitarme, me conocen perfectamente, probablemente mejor que nadie. No me equivocaría si afirmase que, en algunos aspectos, me conocen mejor que yo mismo.

El otro día cruzaba la línea dándole a él la dirección del blog. Llevaba tiempo insistiéndome, desde el respeto, claro. Ayer lo hice contigo (y me dirijo a ti porque esta pretendía ser tu entrada, la de tu bienvenida). Mi Ella lo sabe desde el principio, aunque no me visite. Ahora estoy abriendo las puertas del castillo, un lugar que ya conocéis de algún modo.

Y hoy te doy las gracias, una vez más, por todo. Por estar ahí, por el gesto de hispasónicos, por tratar de entenderme y, siempre, siempre ayudarme.

12 de enero de 2009

Divagaciones

No sé si hablar, de nuevo, sobre CuatroCaminos. De una parte, podría contar cómo, por enésima vez (por lo menos) me ha defraudado alguien, otro compañero. Puede que le esté dando demasiada importancia a algo que no la tiene, pero puede que, esta vez, no me equivoque. Ya sé que lo mío no es acertar con las personas, que me equivoco la gran mayoría de veces. Y me gusta equivocarme cuando es para bien, cuando alguien a quien (erróneamente) juzgaba en negativo, demuestra que mi prejuicio no era cierto. A veces ocurre, pero, por no sé qué razón, suele pasarme en más ocasiones lo contrario.

Me dicen, los que me conocen realmente bien, que uno de mis defectos (o virtudes, según se mire) es mi inocencia o mi confianza. El otro día escribía sobre mi ingenuidad. Pues más de lo mismo. De todos modos, mientras que quien me falle no sea de los importantes, poco me ha de durar el malestar. Lo verdaderamente triste es que compruebo, cada día, que en la empresa carezco, ahora, de grandes relaciones. Diría, sin riesgo a equivocarme, que sólo tengo una amistad. Bien es cierto que he hecho, a lo largo de estos años, algunas significativas relaciones e, incluso, encontrado a uno de mis mejores amigos. No obstante, me da que pensar el hecho de tener buenas actitudes con los que llegan y se van, mientras que se demuestra continuamente mi incapacidad para relacionarme con los que siempre están (y estarán después de irme, seguro).

No me entristece, sin embargo. Antes me dolía, me hacía sentirme triste, preguntarme qué hacía o cómo era para que nadie pudiese llevarse bien conmigo. Pero puedo vanagloriarme, sin error, de haber conseguido grandes amigos y de tener numerosas relaciones cordiales con compañeros y conocidos.

De hecho, puede decirse que soy muy sociable. Me cuesta poco hablar con la gente, bromear, dar mi opinión, etc. Aunque esto es una verdad a medias. Sociable soy, sin duda; pero mis relaciones son mas bien superficiales. No son horas de profundizar en esta idea. Y no me hace falta alguna ponerme a ello.

He decidido que voy a crear un personaje. Será un ensayo, una prueba para evaluar mi capacidad y aptitud para escribir ficción. No puedo calificar mis aptitudes como escritor, no me considero uno. Me gusta escribir, mucho. Lo hago desde hace años, cierto es. Abrí el blog para poder escribir cosas, para que fuese una especie de apéndice de mis "Pensamientos, impresiones. Necesidad de escribir". Pronto publicaré (qué grande suena esta palabra) aquí (así pierde fuerza) alguno de los textos que lo componen. Creo saber cuál será el primero.
Por el momento, no diré nada más.

Y, cambiando de tema por segunda vez, diré que no he escrito ninguna valoración sobre el recién pasado año, ni propuesto algunas ambiciones para el nuevo. No quiere decir que no las tenga. Y, por eso, aunque nada tenga que ver con lo anteriormente dicho, voy a escribirlas. Así, no podré negar la existencia de las proposiciones. Como popularizase Coelho, Maktub o, lo que es lo mismo, escrito estaba.

Primero, siendo práctico, he dejado uno de mis vicios: ese refresco que mi hermano y yo llamamos, casi con cariño, oro negro. Y viendo el éxito internacional del mismo, acertado se me antoja el apelativo. Lo hago, el dejarlo, por dos razones. De un lado, porque realmente es un vicio, no digo que el producto lo sea, sólo que yo estoy viciado. En segundo lugar, porque hubo una vez anterior en que lo hice y perdí cuatro quilos. La boda de mi mejor amigo (para sornear con el título de la película) se acerca. Es, por supuesto, un acontecimiento importante. La primera boda dentro del grupo de amigos. Él es uno de los mejores amigos que tengo y tendré. Ella es casi como él. Mi hermano (mayor) y mi cuñada, les digo algunas veces. Incluso a la gente les digo que lo son, que para mí como si lo fuesen. Tengo otro hermano pequeño. Y tengo dos hermanos de verdad, pero no viene al caso... y me estoy yendo del camino. Como sea, dejo el vicio (muy a mi pesar) y he comenzado a hacer cosillas para conseguir el reto, antes del enlace debo haber perdido ese excedente.

Además, estoy más que decidido en que este sea el año en que, por fin, dé la talla en las oposiciones. Voy a aprobarlas en unos meses, lo sé. Lo sé porque creo en ello. Lo sé porque es, por primera vez, mi prioridad. Y lo sé porque voy a centrarme en lo que importa y dejar de lado, de una vez por todas, esos fantasmas que me han distraido estos años. Y lo voy a conseguir, porque tengo experiencia, porque tengo ayuda y, sobremanera, porque creo en mí como nunca lo he hecho.

Y, cuando lo consiga, podré dedicarme a mi otro gran proyecto, del que no quiero hablar por ahora. No quiero construir castillos con naipes, quiero dar los pasos con acierto y a su debido tiempo.

Por último, me queda lo que antes anunciaba, voy a escribir ficción. No sé si sería mejor haber escrito sobre mi personaje como si de alguien real se tratase y más adelante, si algún día tengo lectores, confesar que era ficticio. Pero me ha nacido así, afirmarlo ya. Veremos que tal se me da.

Voy a despedirme por esta noche, que ya he escrito una densa y nueva entrada.

Ah! Y si ya me estás leyendo, amigo mío, bienvenido seas a mi estimado rincón de la blogosfera. Espero que te guste, chache.