21 de noviembre de 2008

Canciones de mi Vida

FATHER AND SON

Father
It's not time to make a change,
Just relax, take it easy.
You're still young, that's your fault,
There's so much you have to know.
Find a girl, settle down,
If you want you can marry.
Look at me, I am old, but I'm happy.

I was once like you are now, and I know that it's not easy,
To be calm when you've found something going on.
But take your time, think a lot,
Why, think of everything you've got.
For you will still be here tomorrow, but your dreams may not.

Son
How can I try to explain, when I do he turns away again.
It's always been the same, same old story.
From the moment I could talk I was ordered to listen.
Now there's a way and I know that I have to go away.
I know I have to go.

Father
It's not time to make a change,
Just sit down, take it slowly.
Youre still young, thats your fault,
There's so much you have to go through.
Find a girl, settle down,
If you want you can marry.
Look at me, I am old, but I'm happy.
(son-- away away away, I know I have to
Make this decision alone - no)

Son
All the times that I cried, keeping all the things I knew inside,
It's hard, but it's harder to ignore it.
If they were right, I'd agree, but it's them you know not me.
Now there's a way and I know that I have to go away.
I know I have to go.
(father-- stay stay stay, why must you go and
Make this decision alone? )
CAT STEVENS

Aunque yo la conocí en EVERWOOD con la versión interpretada por Leigh Nash. Ya hablaré de la serie, seguro. Y, si aprendo, colgaré la versión de esta misma canción por Yusuf Islam y Ronan Keating.

13 de noviembre de 2008

PalabrasEncadenadas

Y otra De Cine!

Palabras Encadenadas es un película de Laura Mañá, protagonizada por Darío Grandinetti y Goya Toledo. Un historia que empieza con un secuestro y termina con una muerte. Un juego en el que secuestrada y secuestrador se juegan su vida. Mentiras y verdades luchan por vencer. Momentos de dudas, en que no se sabe muy bien quién es el malo de la historia. Y, todo ello, participando del juego infantil que da nombre al film, palabras encadenadas.

-Hola!

- Lazo

- Zoquete

- Tenedor

- Dormido

- Dominante

- Teléfono

- Noticiero

- Rosal

- Salero

- Rojo

- Jorobado

- Donar

- Narciso

- Soltero

- Rocoso

- Soneto

- Tomillo

- Has perdido, no existe ninguna palabra que empiece por llo-

- Si las hay, llover, por ejemplo.

- NO. No las hay, pierdes tú!

- ¿Por qué?

- Porque YO lo digo, fin.

10 de noviembre de 2008

Pain

Dolor vivido. Dolor. DOLOR. Sufrimiento en el pasado. Sufrimiento pendiente de superación.

Ahora, al recordar, soy consciente. Normalmente, al hablar de mi vida, cuando lo hago, hablo del dolor vivido. Cuento que me he sentido mal por esto o por aquello. Resumo, frecuentemente, las fases vividas, intentando esclarecer qué hechos desembocaron en qué otros hechos, en cómo se sucedieron las distintas etapas para llegar a ser quien soy.

Sin embargo, y de nuevo por culpa de un mecanismo de defensa, he ido tapando el dolor, cubriéndolo con capas y capas de olvido. Tratando de enterrar el sufrimiento y hacer como que nunca ocurrió.

Pero el Segundo Proceso, el de cambio psicológico, ha conseguido que surjan recuerdos del pasado olvidado, que vengan a mi mente imágenes de aquellos tiempos. He recordado con detalle cada uno de los momentos que empezaron a crear el COMPLEJO hace ya más de 15 años. A modo de imágenes, casi fotografías. Y con ellas, vuelve lentamente, el dolor vivido entonces.

Es extraño, mucho, revivir aquellos momentos. En realidad, nada era tan grave como lo hice, o como con el tiempo fue haciéndose. El aislamiento que en aquel momento produjeron fue el origen, la creación de mi mundo lejos del mundo real. Nacía entonces, pues, la separación, la distinción, las murallas,... surgía mi Castillo.

No obstante, creo que el dolor experimentado en las dos últimas semanas no es el de aquel niño que se sentía menos que los otros niños, que se veía diferente, que se sabía enfermo. Más bien, el dolor es contemplar como adulto la enfermedad vivida por un niño, indefenso, solo, sin entender qué le ocurría. Pensar cuánto dolor he vivido y no haberme dado cuenta hasta ahora.

Y ahora entiendo porqué cuando me hablaron de un niño, un alumno, con Síndrome de N., salvando las enormes distancias, me sentí mal por él. Me emocioné pensando cuánto dolor le quedaba por pasar, cuánta incertidumbre, cuántas horas de rabia o de tristeza. Y, como digo, lo mío a su lado, nada es, pero él podría comprender al niño que fui, el dolor que sentí.
Al menos, el dolor pasa, creo.

9 de noviembre de 2008

Camino

Imagen obtenida en Google
Este fin de semana he podido descubrir la historia de Camino, una película de Javier Fesser en la que narra la historia de la enfermedad y muerte de una niña de once años, Camino. Dirigida y escrita por Fesser y protagonizada por Nerea Camacho, Carmen Elías y Mariano Venancio, entre otros. No haré una ficha técnica, que para eso existen numerosas páginas.

Se trata de una historia basada en hechos reales, pero no biográfica. La forma en que la chiquilla vive su enfermedad viene determinada por la educación recibida. Se nos muestra a una familia del Opus Dei emprendiendo una batalla contra la enfermedad recién diagnosticada a la menor de sus hijas. Un niña que se enfrenta a su problema, y a los cambios que conlleva en su vida, de una manera cristiana, aceptando la voluntad del Señor, asumiendo el sufrimiento y dolor físico como algo ineludible, etc. Pero además, se nos muestra el nacimiento del amor. Aparece Jesús, un niño del taller de teatro, del que Camino se quedará prendada. El desarrollo de los acontecimientos nos ofrecerá momentos como el de las dudas del padre ante la actitud de la madre, las verdaderas razones de la hija mayor, Nuria, para ingresar en una casa de la "Obra de Dios", las estrictas normas a las que parecen estar sometidos los miembros de esta Institución católica, etc. Todo de forma paralela al particular cuento de hadas en que queda convertido el incipiente amor de los dos niños.

Al terminar de verla, pensé en cómo podía manipularse y, de hecho, ha ocurrido en repetidas ocasiones, las palabras y los actos dichos y hechos por determinadas personas en determinadas ocasiones. Pero tampoco vengo aquí a hacer una crítica al Opus Dei, ni siquiera a la Iglesia Católica. Quizá lo haga, ligeramente, contra las religiones en general, concretamente contra el fanatismo, el extremismo. La imagen que se ofrece en la película es el de una institución que manipula, engaña, sugestiona, coacciona, etc. El de una educación férrea derribada por los sueños de una niña. Una forma de hacer frente a los obstáculos que se nos presentan a lo largo de la vida.


El verdadero objetivo de esta entrada no es otro, sino hablar de cómo, al igual que Camino, viví durante años dentro de un entorno social opresor. No he pertenecido a una institución como la fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer, no. No he nacido en el seno de una familia extremadamente fiel a una religión. Tampoco he vivido sometido a estrictas normas de comportamiento o bajo un control excesivo. Sin embargo, asumí durante algo más de cinco años algunos hábitos de conducta que todavía hoy intento cambiar.

El buen cristiano. El bien y el mal. El arrepentimiento ante el pecado. La pureza de pensamiento. El rechazo a conductas no adecuadas. La imposibilidad de hablar mal de según quién. Prohibiciones de pensamientos impuros. La aceptación del sufrimiento, el dolor, la pena. La resignación. Sumisión. Acatamiento de normas (irracionales o no) sin cuestionamiento. Estas y otras cuantas son algunas de las cosas que he estado haciendo a lo largo de mi existencia.


Sólo puedo decir lo que está bien, sin hacer daño a nadie, sin faltar a nadie. Debo evitar pecar, pero si lo hago, debo arrepentirme, confesar, aceptar las consecuencias y aprender del error. Es necesario limpiar nuestra mente de aquellos pensamientos incorrectos y, eliminar, al mismo tiempo, sentimientos inapropiados. Acatar órdenes, no cuestionar a las autoridades (morales o no), desarrollar nuestro papel asignado en la sociedad. Asumir la enfermedad, los castigos, los errores, las dificultades (económicas, por ejemplo) como parte esencial en el camino de nuestras vidas.


Pero todas estas cosas son errores. Sí puedo decir a alguien si hace algo mal, siempre desde el respeto, pero al tiempo que desde la igualdad. Sí puedo errar en mis acciones y solventar las consecuencias. Puedo sentir libremente, querer a quien quiera querer, amar a quien quiera amar, odiar a quien merezca ser odiado (sí, también puedo odiar). Desobecer si quien ordena se equivoca, o lo hace injustamente. Eliminar la resignación, pasar a la acción, luchar contra la enfermedad hasta vencerla (si se puede), intentar cambiar las situaciones de crisis económica, solucionar los problemas encontrados. Al fin, caminar nuestro camino siendo quien somos y no quien quieren hacernos ser.


Evidentemente, esto no es una filosofía de la vida. No es, por supuesto, un manifiesto de intenciones. Ni es una forma de vida, como tampoco pretende ser un modelo a seguir. Sólo es una pequeña muestra de aquellas actitudes, de aquellos hábitos, que fueron inculcados en la mente de un niño y que han estado dirigiendo sus acciones, pensamientos e incluso sentimientos por demasiado tiempo.


Quede recomendada Camino de J. Fesser y queden claros algunos de los objetivos del Segundo Proceso.

7 de noviembre de 2008

Lo que me falta

Estos días he vuelto a sentir tristeza, soledad. He dejado, no sé muy bien cómo o por qué, que ganasen espacio en mi mente aquellos pensamientos que me hacen sentir mal. Recuerdo a quien me dijo, hace ya algún tiempo, que si aprendía a controlar mis pensamientos, podría cambiar la forma de sentirme. Si eliminaba los pensamientos negativos, los fantasmas que acechan sólo en mi cabeza, podría, al fin, alcanzar la paz interior, esa de la que sólo he oído hablar, por el momento.

Hay una característica fundamental en mi personalidad que explica la razón de sentirme solo. Camino cada día dentro de mi coraza, hablo desde las seguras habitaciones de mi fortaleza, me mantengo la distancia del mundo, de la gente. El castillo ha abierto pocas veces sus puertas. Pueden contarse con los dedos de una mano. Algunos han entrado a la fuerza, rompiendo murallas, barreras y luchando contra todo tipo de obstáculos. A otros, los menos, les he dejado pasar por propia voluntad. Finalmente, un par ha conseguido entrar o, mejor, mirar dentro por mi necesidad. Podría sumar un cuarto grupo, aquél compuesto por individuos que han podido visitar parcialmente las instalaciones o que han sido obsequiados con una fotografía del interior de alguno de los salones. El resto del mundo queda postergado a contemplar el baluarte desde la distancia permitida.

Esa distancia establecida, esa limitación constante con el entorno social, ese secretismo exacerbado, esa desmesurada privacidad, determinan que cuando no están presentes aquellos con acceso, o esos otros que pueden conocer una parte o mirar otra, sólo quede la extremada soledad.

No hay nada de malo en estar solo. Cierto grado de soledad es necesario en el hombre adulto. La dependencia es algo que debe permanecer en la niñez y, como mucho, en la juventud. La primera en relación a la familia, la segunda vinculada a otras relaciones sociales. No pretendo exponer que ser adulto conlleva estar solo, como si de un axioma se tratase. No creo en ello. Sí tengo la seguridad en que, a nivel personal, la autonomía se consigue en esa tercera fase de la vida. No por ello debemos alejarnos de familia, amigos y, menos, de la pareja y descendencia (si se tiene). Se trata de eliminar la dependencia.

La razón de esto es una muy simple. Si dependemos de alguien, no podremos vivir sin ese alguien. Si nuestras decisiones vienen determinadas por una segunda persona, es ésta la que decide por nosotros. Ser adulto implica ser independiente. Por ello, no soy todavía un adulto completo. Estoy en ello, que quede claro. Digamos que estoy en la frontera con la juventud. Juventud en la que, por edad, puedo estar todavía incluido. Juventud que, poco a poco, deja paso a una vida adulta. Pero cruzar fronteras no es lo mío.

Traspasar un límite, cruzar la raya, sobrepasar el margen, superar una separación, no tiene porqué ser fácil. Y no lo es, de hecho, en mi caso. No encuentro esto como algo negativo. El lado menos positivo es tener que vivir con las reminiscencias del pasado, memorando actitudes caducas, evocando contínuamente tiempos pretéritos, aunque no lejanos.

Soledad
. Sentimiento de los asociales. Son conductas recurrentes entre éstos la incomunicación, el aislamiento, el encierro, el retiro, la separación. Sólo me comunico cuando elijo hacerlo, abandono mi isla, termino con mi encierro y regreso del retiro cuando alguien elimina la distancia que me separa del mundo. Alguien que puede ser cualquiera de los arriba clasificados. Uno de los que pasean por mi particular mundo, o de los que lo contemplan y/o lo conocen parcialmente.

¿Lo que me falta? Pues, bien superar la dependencia, bien tenerles cerca. Me ocupo en conseguir lo primero, mientras tanto, necesito lo segundo. Y el otro día, sentía que no les tenía cerca. Sentía el peso de la pérdida. La diferencia abismal entre la realidad actual y aquella que rememoro como un pasado mejor. Contrasto lo que tenía y lo que tengo. El cociente, como si de una simple operación matemática se tratase, es negativo. Tuve más de lo que tengo, o eso creo en días como al que me refiero.

Por suerte, o por falta de la misma, cuando el tiempo transcurre, el pensamiento cambia y con él, se modifica el sentimiento. El tema es si lo que sobreviene es de lo que hablaba la semana pasada, esa gota que parece la última, pero que lo único que hace es disminuir ligeramente la carga, facilitando la incorporación de nuevos lastres; o, por contra, surge la opción de caminar de frente, de superar la dependencia y abandonar las viejas costumbres.

Echo de menos hablar. Aquellas tardes en las que caminar por la ciudad bastaba para sentirnos a gusto. En las que podíamos tocar cualquier tema, enfrentarnos a cualquier miedo, concebir proyectos, establecer sanos pensamientos.
Echo de menos, las conversaciones en clase, en el margen de los hojas, las miradas de censura de nuestros profesores y doctores. También, los paseos por el campus, en la laguna,... o nuestras sobremesas en el club social.
Me faltan las personas que era mi familia del alma. Esas que sólo puedo ver muy de vez en cuando. Algunas con las que sólo hablo por teléfono un par de veces al año.
Me faltan horas al lado de la que fue mi segunda familia, la que ahora sólo se hace presente en mi mente, que incluso, a veces, dudo sobre qué parte de mis recuerdos se corresponde con la realidad vivida y qué parte con mis fantasías de aquel entonces.
Extraño a los nuevos, aquellos que han llegado a mi vida más recientemente y se han quedado con una parte fundamental de lo que soy. Esos que llegaron, vieron y vencieron, que pudieron ver y mirar, que oían mis palabras y escuchaban su contenido. Esos que han llenado el vacío dejado por los primeros.
Extraño mi tiempo con mis mejores amigos, mis verdaderos hermanos.

Esto y mucho más es lo que me falta. La actividad social es la que necesitaba el otro día.