23 de diciembre de 2008

Cuatrocaminos: Ingenuo

De mis compañeras y sus gilipolleces!!

Vaya, cuando empecé esta entrada lo hice con fuerza (ira, en verdad). Y es que eso es precisamente lo que me producen mis compañeras: IRA. Si ya de por sí soy bastante irascible, aunque estoy cambiando esta vieja costumbre, ellas conoces bien los lugares qué visitar para sacarme de quicio. Y lo mismo me pasaba con mi ex-jefe... Y no descarto, también, que me termine pasando con el nuevo.

Así, de primera, puede pensarse (yo mismo lo he pensado unas cuantas veces) que el problema lo tengo yo. Hasta cierto punto, cierto es. Pero, no soy el único de Catrocaminos que ve lo que me hacen. Muchas han sido las ocasiones en que se me advirtió sobre determinadas personas, muchas las personas que advertían. Mi predecesor en el cargo, y algún que otro que sigue en la empresa, pero en otra sección, acabaron de la misma forma en que irremediablemente (todo apunta a ello) acabará nuestra relación.

Hay cosas que son inaceptables. Una es la discriminación. Si somos tres, cuatro en realidad, los miembros de la sección, todos, sin excepción, debemos participar de la toma de decisiones. Vale que soy el último, de acuerdo. Pero ya llevo 3 años trabajando con ellas, creo que es hora de que se me tenga en cuenta. Al menos, para los jefes que he tenido y sus superiores (inmediatos y no) sí he tenido, y tengo, un papel esencial dentro del grupo. Al final, soy yo quien se encarga de la campaña comercial más importante de nuestro departamento.

Todo tiene un principio y, espero, un final. Cuando entré a formar parte de esta empresa, lo hice con las cosas muy claras. Mi objetivo único era el de pasar el tiempo necesario hasta que consiguiese un trabajo de verdad, sin menospreciar. No he estudiado un carrera, empezado un doctorado, obtenido unos cuantos títulos, realizado cursos, seminarios, etc. para acabar vendiendo libros. Y no es que me disguste lo que hago, pero lo mío es la docencia. Y lo seguirá siendo, consiga o no el tan anhelado puesto.

Sea como sea, lo que, en principio, sería un año, se ha convertido en 3. Esperemos que quede así la cosa. Pero, con el transcurrir del tiempo, lo que empezó siendo una excelente relación de compañeros, camino de convertirse en amigos, terminó siendo... bueno, no terminó. Al menos, de momento. Sin embargo, cambiar sí ha cambiado la situación.

Hemos tenido encontronazos. Diferencias de opinión. Críticas a la espalda. Discriminación. Mentiras. Y ataques directos. Los roces son inevitables, casi siempre. Pero una cosa es ser o no amigos en el trabajo y otra, bien distinta, es dejar de ser compañeros y pasar a ser enemigos.

Sé que soy muy exagerado, siempre lo he sido. Y, es verdad. Exagero, doy importancia capital a cosas y acciones que no la tiene. Pero no puedo evitarlo. Lo intento y, a veces, lo consigo. Sin embargo, no pueden dejar de afectarme las afrentas personales. No concibo qué hago o he hecho para estropear de esta forma unas buenas relaciones.

La cuestión es si es o no responsabilidad mía. Me dicen, casi todos los demás compañeros, que no, que ellas son así, que siempre lo han sido. Y, mi única culpa es ser tan inocente, tan ingenuo. Y esto, también es verdad. Yo es que no las veo venir, no las cazo al vuelo. Me la meten ante unos cuantos espectadores y yo, ingenuo, pienso que lo que hacen lo hacen de verdad. Joder, de verdad... Más falsas que... Y paso de hacer chistes fáciles.

Me molesta, sobremanera, que me afecte tanto. Me enfada no aprender de una vez por todas. Me da rabia sus ofensas. Pero más mi inocencia, la confianza depositada, la decepción latente,...

Y me jode, pero mucho, haber escrito sobre ellas. Porque quisiera restarle importancia, dejar que las cosas del trabajo se queden en él. No obstante, esto es una vez más una tarea que no termino de resolver. Ni siquiera sé si sabré resolverla.

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