Como sea, hoy es Navidad. Fiesta que afirmo detestar. Felices fiestas para muchos, o eso creen. Pero no es todo como parece ser. Nada es como quieren que sea. Sin embargo, muchas veces acaecen acontecimientos que te recuerdan que la magia existe, que se puede tener fe en las personas, que sí podemos llegar a la felicidad; la felicidad con mayúsculas.
Se trata de aquellas pequeñas cosas, como reza la conocida canción, pequeños hechos cotidianos de la gente del más próximo entorno, que te ofrecen nimios indicios de luz.
La Cabra Amaltea, Bernini.
No pretendo escribir un cuento navideño, no tengo ni las cualidades ni los conocimientos suficientes para escribir uno (ni para escribir nada serio). Pero es lo más parecido en estos días.
La historia continúa con la cabra (Amaltea, le diría yo) que amamantaba a la única gorrina superviviente en los días de un gélido y pernicioso invierno. Al poco, los dientes del porcino herían las ubres de la fingida madre, siendo necesario la confección de un artefacto, cual biberón, con los pocos utensilios que la aldeana familia disponía en su humilde hogar. Más todavía, teniendo en cuenta el contexto socio-político que atravesaba la España emergente (o persistente, mejor) tras el final de la conflagración que dividiese en dos (casi hasta nuestros días) a los ciudadanos de la misma y única (¿?) nación.
A lo que iba, una cabra, su leche, servirían para criar a la vulnerable gorrina, que sobreviviría al duro invierno manchego, conseguiría crecer y fortalecerse llegando, incluso, a procrear a tres o cuatro generaciones de gorrinos, que serían, durante algunos pocos años, el sustento económico de la familia. Una unidad familiar que cambiarían sus días de siega y siembra, de pastoreo y matanza, por la vida en la ciudad. Una nueva vida que les alejaría físicamente del campo, la tierra que les viese nacer, pero que mantuvieron siempre en su alma, hasta los últimos días de su longeva vida.
Mila, la gorrina criada por la cabra, lució el nombre de milagros, haciendo justicia al acontecimiento que marcaría la vida de María, una mujer que con sus historias, sus realidades vividas, ha colmado con un halo de felicidad, de cierto sosiego, la tarde de la natividad.
Todo esto para decir, que cuando no esperamos encontrar una salida, una vía de escape ante una realidad vigente y desesperante, encontramos (sólo a veces, claro está) una ayuda, un camino que seguir, proveniente de donde no imaginábamos. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
P.D. La música más apropiada para acompañar este mini cuento navideño, basado en hechos reales, no podía ser otra que “Pueblo Blanco” interpretada, eso sí, por la joven cantante Malú.
