Fuerte. Estoy siendo muy fuerte. No lo suficiente. No puedo. Lo intento. Lucho. No puedo.
Ahora estoy bastante mal. Creo que empezó anoche. Ya he despertado, hoy, tocado. La gente lo nota. Se me nota cuando no estoy bien. Tengo la imagen de alegría. Cuando algo se me cruza por el camino, la cara me cambia. Es fácil descubrir mi miedo o mi ira.
¡Qué rabia! Me da mucha sentirme así. Caer es fracasar. Derribo todo lo construido en meses en unos minutos u horas. Pero es que estoy cansado. Me convenzo de que falta poco tiempo para cambiar mi vida, para salir de mi casa, para dejar mi trabajo; para empezar a Vivir. No sé si voy a lograrlo.
Quiero dejar CuatroCaminos. Quiero un trabajo de verdad, uno en el que sea yo, que sea para mí.
Hoy quisiera parecerme más a Dex, ser menos humano. No sentir, como antes. No hace muchos años escribía sobre mi apatía e insensibilidad. Parece que se trató de una respuesta ante las circunstancias que vivía. Ahora, ojalá fuese igual. Ojalá no me afectasen estas cosas. Ojalá dejase de una vez por todas de crear expectativas. Éste es, sin duda, uno de mis mayores errores.
Esta tarde he dejado de ser yo, he sido el Apóstol de la Ira. He sacado una agresividad verbal que detesto. He despotricado muchísimo. Sé que tengo verdaderas motivaciones para hacer las críticas que hago. Sé que es, incluso, normal. No me gusta, sin embargo, descontrolar así. Odio hablar de la forma en qué lo he hecho. Lo siento, pero no puedo aguantarlo todo. No quiero seguir viviendo aquí. No quiero verles, no oírles, no olerles.
Otra vez pensando en lo que es normal. No tengo ni he tenido normalidad en casa, no voy a tenerla. No van a cambiar. No puedo cambiarles. Me avergüenzo. Tengo que aprender a aceptarlo, a vivir con la pérdida que supone la carencia.
Ojalá mañana al despertar estuviese en otra realidad. De ilusión también se vive, a ratos.
Tengo que terminar con la esperanza. Esperar es una mierda. Debo dejar de esperar cosas de los demás, cosas que no están en mi mano, que no dependen de mí. Sólo puedo controlar mis actos y mis palabras, no tanto mis sentimientos. No ejerzo ningún control sobre las acciones ajenas. Da igual lo que yo considere que está bien o mal, lo que es correcto o preciso y lo que es perdonable. Cada persona decide. Si me siento decepcionado es cosa mía, es mi elección.
Mi problema, más allá de las expectativas excesivas, es la Necesidad. Durante años he buscado ansiosamente cubrir mis carencias afectivas. Mi error. Hay sentimientos irreemplazables. El amor de una madre sólo una madre puede darlo. Lo mismo el del padre. Un amigo es un amigo, no un padre, no un hermano. Yo en eso me he equivocado desde el principio. Concedo demasiada importancia a las personas, más de la que pueden asumir, más de la que corresponde, de la que merezco. Y espero, siempre espero. Y no se cumplen mis deseos. Me frustro. Me enfado con esas personas. Me alejo, dejo que las murallas invisibles ocupen mi red social.
Estoy más tranquilo. Escribir me resulta terapéutico. Prefiero los abrazos, las palabras de afecto. Pero me encuentro solo en mi habitación. No hay otra.
¡Qué ganas de que todo pase! ¿Saldré de esta maldita casa? ¿Qué relación mantendré entonces? ¿Superaré la dependencia eliminando las necesidades irracionales? ¿Suprimiré ese lado negativo que tanto desprecio, mi ira incontrolada? Mierda.
Intentaré dormir. En los sueños, a veces, encuentro un reflejo del futuro que anhelo. Aunque sea durante unas pocas horas puedo vivir en otra realidad.
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