18 de febrero de 2009

(No) Decepcionado

Quería hablar sobre las decepciones. Profundizar un poco más en la idea de mi tendencia a crear expectativas. Más importante, el sentimiento que me produce que no se cumplan. Y no lo hacen porque, la mayoría, no son razonables. Ya lo dije, pongo demasiado en unas pocas personas. Si éstas fallan (que no fallan, no llegan a dar lo que espero) me siento decepcionado. Pero, insisto, no es culpa de nadie, sólo mía.

Da igual, tampoco es tan importante. No exageraré. El otro día hablaba sobre ello porque empecé a pensar en mis equivocaciones. En realidad no he errado. Las cosas no son como esperaba, pero no me arrepiento. Confiar es una opción. Yo confío. Nada más. Si a quien confío no le importa (o no le importo), qué le voy a hacer. Como sea, no sé qué hago acordándome de determinadas personas.

Hasta aquí. No voy a darle más vueltas a un asunto intrascendente. Tampoco hablaré excesivamente sobre el tema que me trae aquí esta noche. Vengo porque siempre me sienta bien escribir, desahogarme un poco. Pero no voy a colocar esta inquietud en el primer puesto de la lista de mis preocupaciones. Le restaré importancia, no me queda otra. Tengo que seguir viviendo aquí, por el momento.

Bien. Si el sábado explotaba mi Ira, hoy, sin llegar al mismo extremo, he tenido un nuevo enfrentamiento. El sábado fue con ella, esta noche con su marido. Digo marido para no usar apelativos que los vinculen a mí. Lo del fin de semana lo interpreté como un ataque de rabia, una fuerte erupción consecuencia de la continua contención. Lo de ahora, teniendo en cuenta la reciente descarga, sólo puede entenderse desde la psicología.

Llevo luchando internamente algún tiempo para conseguir la independencia personal que caracteriza al hombre adulto. Ya hablé sobre ello. Intento eliminar los enlaces que me mantienen bajo dependencia de unos adultos pretendidamente protectores. He visto cómo, durante años, he buscado personas que ejerciesen esa protección de la que carecía, necesitaba. Hoy soy un hombre y no debe permanecer la dependencia. No termino, sin embargo, de conseguirlo. Piano, piano.

Al menos le he plantado cara, aunque he terminado huyendo, como las demás veces. He corrido a los brazos de Ella para obtener consuelo. Pero he recapacitado. Me he calmado. Puedo ver mis retrocesos. Observo los hechos y detecto qué cosas, qué palabras, qué acciones, me conectan con mi pasado, con situaciones vividas en las que yo, todavía dependiente, no tenía otra salida que huir: callar, llorar y esconderme. La tendencia, dado que tengo una pauta conductual aprendida, no es otra que la de esconderme, no responder y evitar el conflicto. Ha habido una diferencia, ahora sí respondo. Ahora me reafirmo. Le he mirado a los ojos y le he contestado.

Claro está, un avance es motivo de emoción, pero sólo eso. Me queda largo camino por recorrer. Confío que alcanzaré la serenidad necesaria para, en iguales circunstancias, mantener las formas, pensar mis respuestas, controlar mis acciones, dejar de estar a su nivel (ya he dejado atrás el nivel de inferioridad) y comportarme como un verdadero adulto.

En fin, hace una hora me sentía hundido. Mi meta, la plaza, se volvía fácil si conseguía, si consigo, canalizar las ganas de salir de aquí, de empezar a vivir, de superarles. En este instante estoy bien, que no es poco.

2 comentarios:

  1. Todo tiene su proceso, y esta claro que tu vas por el buen camino, con tus ganas de mejorar, ser más feliz y tu empeño en cambiar aquellas cosas que te duelen, te afectan y te atormentan. Ánimo!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Bienvenido seas, lector anónimo!

    Gracias por las palabras de ánimo. Como dices, estoy en medio del camino y el blog no es más que un reflejo de los pasos adelante, de los retrocesos, caídas y mejoras que van sucediéndose.

    Al menos, lo intento. Y eso es mucho mejor que lo que hasta no hace mucho solía hacer.

    Invitado quedas a continuar leyéndome y, si quieres, comentar.

    Un saludo!

    ResponderEliminar