27 de febrero de 2009

Viviré

(...)Asimismo, hace un mes escribía "Vacío".
De cómo había desaparecido la chispa de la existencia.
Saber que vives porque no puedes controlarlo.
Vivir muerto ya(...)
Decepcionado, Julio '07.


Tengo que aprender a vivir.

Es duro abrir los ojos y descubrir la Verdad. Hasta ahora he hablado de mi fortaleza interior, de esa parte íntima y personal que ocultaba celosamente de los demás. Un castillo misterioso con mi yo más vulnerable, más sincero. Algo que me aleja ostensiblemente de la deseada normalidad. He gastado tanto tiempo y energía en construir esos límites, en distanciarme del mundo con el objetivo de protegerme, de refugiarme frente a los ataques o enfrentamientos, que no he sido consciente de que al mismo tiempo que dejaba tierra de por medio, me separaba voluntariamente de la vida.

Numerosos son los refranes y dichos populares que se refieren a la importancia de vivir el momento, de tener presente el Presente, dejar a un lado las preocupaciones de futuro y desterrar de la cabeza los malos acontecimientos del pasado. Yo he vivido, sin embargo y casi sin saberlo, constantemente en el pasado. Vivo, de hecho, sufriendo mis propios actos ante miedos (ahora) irracionales. Empleo demasiada voluntad a pensamientos innecesarios, a limitaciones personales, a mantener el control.

Me preocupo excesivamente por mis cosas, mi imagen (la imagen que doy y tienen los demás), mis actos. Me limito, me cohíbo, me encierro. Renuncio, inconscientemente, a la libertad. Lo hago porque concedo extrema importancia a mi entorno, a las personas que lo componen. Un ejemplo: al mantener una conversación, aún usando un registro que se adecúe al contexto, cualquier persona expondría su determinación, su opinión respecto al tema objeto de conversación; sin embargo, yo pienso con detalle qué palabras son las más adecuadas, qué opiniones las más correctas, con la única intención de pasar desapercibido, de evitar enfrentamientos o, más sencillo, no exponerme.

Existen, no obstante, momentos de libertad. Con los míos, casi siempre. Por ello, esos momentos son los que me hacen sentir realmente libre, totalmente normal y me acercan a la felicidad. Creo que ninguno conoce la verdadera magnitud de sus actos y palabras. Es un hecho indiscutible mi más que apreciable mejoría después de estar con alguno de ellos. Mi recuperación sistemática, diría.
Aunque todo tiene un lado negativo. En este caso es que cuando no estoy bien, cuando estoy ciertamente mal, me ablando, me achico, me vuelvo un niño esperando la protección paternal. Es algo momentáneo, en seguida recupero fuerzas y convierto (mejor, convertimos) el momento al placer.

Por ahora, seguiré adelante con la rutina. Debo centrarme en la oposición y dejar al margen los cambios, insignificantes o no. Me desenvuelvo bien en mi propio mar, aún con el inconveniente de vivir a la deriva. En unos meses podré tomar, por fin, decisiones encaminadas a mi propia satisfacción, mi búsqueda de la felicidad. Hasta entonces, y mientras no cambie mi realidad, identificaré miedos, aceptaré derrotas y errores, y sobremanera, fortaleceré mis esperanzas.

Tengo que aprender a vivir.

18 de febrero de 2009

(No) Decepcionado

Quería hablar sobre las decepciones. Profundizar un poco más en la idea de mi tendencia a crear expectativas. Más importante, el sentimiento que me produce que no se cumplan. Y no lo hacen porque, la mayoría, no son razonables. Ya lo dije, pongo demasiado en unas pocas personas. Si éstas fallan (que no fallan, no llegan a dar lo que espero) me siento decepcionado. Pero, insisto, no es culpa de nadie, sólo mía.

Da igual, tampoco es tan importante. No exageraré. El otro día hablaba sobre ello porque empecé a pensar en mis equivocaciones. En realidad no he errado. Las cosas no son como esperaba, pero no me arrepiento. Confiar es una opción. Yo confío. Nada más. Si a quien confío no le importa (o no le importo), qué le voy a hacer. Como sea, no sé qué hago acordándome de determinadas personas.

Hasta aquí. No voy a darle más vueltas a un asunto intrascendente. Tampoco hablaré excesivamente sobre el tema que me trae aquí esta noche. Vengo porque siempre me sienta bien escribir, desahogarme un poco. Pero no voy a colocar esta inquietud en el primer puesto de la lista de mis preocupaciones. Le restaré importancia, no me queda otra. Tengo que seguir viviendo aquí, por el momento.

Bien. Si el sábado explotaba mi Ira, hoy, sin llegar al mismo extremo, he tenido un nuevo enfrentamiento. El sábado fue con ella, esta noche con su marido. Digo marido para no usar apelativos que los vinculen a mí. Lo del fin de semana lo interpreté como un ataque de rabia, una fuerte erupción consecuencia de la continua contención. Lo de ahora, teniendo en cuenta la reciente descarga, sólo puede entenderse desde la psicología.

Llevo luchando internamente algún tiempo para conseguir la independencia personal que caracteriza al hombre adulto. Ya hablé sobre ello. Intento eliminar los enlaces que me mantienen bajo dependencia de unos adultos pretendidamente protectores. He visto cómo, durante años, he buscado personas que ejerciesen esa protección de la que carecía, necesitaba. Hoy soy un hombre y no debe permanecer la dependencia. No termino, sin embargo, de conseguirlo. Piano, piano.

Al menos le he plantado cara, aunque he terminado huyendo, como las demás veces. He corrido a los brazos de Ella para obtener consuelo. Pero he recapacitado. Me he calmado. Puedo ver mis retrocesos. Observo los hechos y detecto qué cosas, qué palabras, qué acciones, me conectan con mi pasado, con situaciones vividas en las que yo, todavía dependiente, no tenía otra salida que huir: callar, llorar y esconderme. La tendencia, dado que tengo una pauta conductual aprendida, no es otra que la de esconderme, no responder y evitar el conflicto. Ha habido una diferencia, ahora sí respondo. Ahora me reafirmo. Le he mirado a los ojos y le he contestado.

Claro está, un avance es motivo de emoción, pero sólo eso. Me queda largo camino por recorrer. Confío que alcanzaré la serenidad necesaria para, en iguales circunstancias, mantener las formas, pensar mis respuestas, controlar mis acciones, dejar de estar a su nivel (ya he dejado atrás el nivel de inferioridad) y comportarme como un verdadero adulto.

En fin, hace una hora me sentía hundido. Mi meta, la plaza, se volvía fácil si conseguía, si consigo, canalizar las ganas de salir de aquí, de empezar a vivir, de superarles. En este instante estoy bien, que no es poco.

15 de febrero de 2009

Un mal día

Fuerte. Estoy siendo muy fuerte. No lo suficiente. No puedo. Lo intento. Lucho. No puedo.

Ahora estoy bastante mal. Creo que empezó anoche. Ya he despertado, hoy, tocado. La gente lo nota. Se me nota cuando no estoy bien. Tengo la imagen de alegría. Cuando algo se me cruza por el camino, la cara me cambia. Es fácil descubrir mi miedo o mi ira.

¡Qué rabia! Me da mucha sentirme así. Caer es fracasar. Derribo todo lo construido en meses en unos minutos u horas. Pero es que estoy cansado. Me convenzo de que falta poco tiempo para cambiar mi vida, para salir de mi casa, para dejar mi trabajo; para empezar a Vivir. No sé si voy a lograrlo.

Quiero dejar CuatroCaminos. Quiero un trabajo de verdad, uno en el que sea yo, que sea para mí.

Hoy quisiera parecerme más a Dex, ser menos humano. No sentir, como antes. No hace muchos años escribía sobre mi apatía e insensibilidad. Parece que se trató de una respuesta ante las circunstancias que vivía. Ahora, ojalá fuese igual. Ojalá no me afectasen estas cosas. Ojalá dejase de una vez por todas de crear expectativas. Éste es, sin duda, uno de mis mayores errores.

Esta tarde he dejado de ser yo, he sido el Apóstol de la Ira. He sacado una agresividad verbal que detesto. He despotricado muchísimo. Sé que tengo verdaderas motivaciones para hacer las críticas que hago. Sé que es, incluso, normal. No me gusta, sin embargo, descontrolar así. Odio hablar de la forma en qué lo he hecho. Lo siento, pero no puedo aguantarlo todo. No quiero seguir viviendo aquí. No quiero verles, no oírles, no olerles.

Otra vez pensando en lo que es normal. No tengo ni he tenido normalidad en casa, no voy a tenerla. No van a cambiar. No puedo cambiarles. Me avergüenzo. Tengo que aprender a aceptarlo, a vivir con la pérdida que supone la carencia.

Ojalá mañana al despertar estuviese en otra realidad. De ilusión también se vive, a ratos.

Tengo que terminar con la esperanza. Esperar es una mierda. Debo dejar de esperar cosas de los demás, cosas que no están en mi mano, que no dependen de mí. Sólo puedo controlar mis actos y mis palabras, no tanto mis sentimientos. No ejerzo ningún control sobre las acciones ajenas. Da igual lo que yo considere que está bien o mal, lo que es correcto o preciso y lo que es perdonable. Cada persona decide. Si me siento decepcionado es cosa mía, es mi elección.

Mi problema, más allá de las expectativas excesivas, es la Necesidad. Durante años he buscado ansiosamente cubrir mis carencias afectivas. Mi error. Hay sentimientos irreemplazables. El amor de una madre sólo una madre puede darlo. Lo mismo el del padre. Un amigo es un amigo, no un padre, no un hermano. Yo en eso me he equivocado desde el principio. Concedo demasiada importancia a las personas, más de la que pueden asumir, más de la que corresponde, de la que merezco. Y espero, siempre espero. Y no se cumplen mis deseos. Me frustro. Me enfado con esas personas. Me alejo, dejo que las murallas invisibles ocupen mi red social.

Estoy más tranquilo. Escribir me resulta terapéutico. Prefiero los abrazos, las palabras de afecto. Pero me encuentro solo en mi habitación. No hay otra.

¡Qué ganas de que todo pase! ¿Saldré de esta maldita casa? ¿Qué relación mantendré entonces? ¿Superaré la dependencia eliminando las necesidades irracionales? ¿Suprimiré ese lado negativo que tanto desprecio, mi ira incontrolada? Mierda.

Intentaré dormir. En los sueños, a veces, encuentro un reflejo del futuro que anhelo. Aunque sea durante unas pocas horas puedo vivir en otra realidad.

12 de febrero de 2009

Una de hoy

El estudio ocupa, estos días, mi tiempo. Vuelvo a sentir que todavía es posible, puedo cambiar mi entorno. Voy a hacerlo, de hecho. Quedan poco más de cuatro meses.
Vengo a dejar colgadas un par de canciones. Ahora, Antony and the Johnsons y su Her eyes are underneath the ground.

Me encanta, simplemente. Me relaja, me deja pensar, me acerca a la paz.

Una de ayer

La segunda canción forma parte de la lista "Canciones de mi Vida". Siempre le vi algo especial a Vega. Me gusta la gente especial. Berlín, me emociona.


Hasta pronto!

8 de febrero de 2009

Disciplina

En una frase: tengo que ponerme las pilas YA!

Ha sido un fin de semana intenso, con varias reuniones sociales y una conclusión similar para todas, tengo que hacer más de lo que hago. Confiar en que puedo conseguirlo no es suficiente. Tener presente que quiero irme de CuatroCaminos debe ser una constante. Estudiar, sin más.

Al menos, no me lo he tomado mal, no me siento abatido. Al contrario, creo que salgo con mi propósito reforzado. Voy a dejar unas cuantas actividades de lado, son sólo 4 meses. Después, con mi plaza en el bolsillo, tendré todo el tiempo para dedicarme a éstas y las otras muchas que tengo pensadas y durante tanto (demasiado) tiempo han sido postergadas, una vez tras otra.

Entrada corta, lo sé. No significa que no vaya a publicar. El Blog sigue adelante, no tanto las lecturas de blogs conocidos. Las series ya están acumulándose desde hace unas semanas. Mejor así, en verano podré hacer semanas temáticas. Los libros pueden esperar, también. Lo mismo con las películas pendientes.

De todos modos, no es una renuncia total a la vida social y ociosa, sólo una limitación. Es un intento de introducir en mis días un poco de disciplina.

3 de febrero de 2009

Tragedia

Tengo una entrada pendiente. El domingo hice uso de una herramienta de mi Mp3, la grabadora de voz. Me gustó, porque son muchas las veces que tengo pensamientos sobre los que quiero escribir, pero por falta de material, terminan esfumándose. Grabé unas ideas. Supongo que pronto la publicaré, ahora casi no puedo escribir. Tengo conjuntivitis, no puedo con el ordenador.

Sin embargo, esta tarde algo me ha pasado que me ha hecho recordar esta canción, Calling All Angels y qué mejor que colgarla con las imágenes, de las mejores, de la serie de mi vida.


Agradezco desde aquí a Buffyann de http://tessier.alexandra.free.fr/ por esos videos que hizo en su día de nuestra serie preferida. Pequeñas joyas, todas conmovedoras, perfectas.

No dejo de emocionarme y hace ya una eternidad que terminó.