30 de octubre de 2008

Pensando

Pensar en exceso es poco saludable. Pensar todo el tiempo es cansado. Y si lo que piensas es negativo, la acción de pensar se convierte en una tortura. Mi cabeza está todo el tiempo en marcha, sin descanso. Ni siquiera concilio el sueño con tranquilidad. Cuando me preocupa el trabajo, sueño que trabajo. Cuando me preocupo por mi salud (mi enfermedad), sueño con los síntomas. El resultado es que dormir no termina cumpliendo su labor de descanso.

Despierto es aún peor. Si algo me afecta, y no son pocas las cosas y circunstancias que lo hacen, paso horas enteras dándole vueltas al tema. Lo malo de esto es que siempre son las mismas cosas. Y mi pensamiento se torna, por ello, obsesivo. No quisiera dar la imagen de un perturbado. Prefiero decir que soy sensible, pese a todo. Alguna vez escribiré, o mostraré lo ya escrito, sobre mi insensibilidad. Esta noche, me refiero a aquellas cosas a las que sí soy vulnerable y que me perturban a diario.

Cuando empecé a escribir, como ayer iniciaba este blog, lo hice con la voluntad de hablar de estas cosas. Escribía para mí y, no obstante, no conseguía plasmar las palabras que definen qué me pasa. Estoy trabajando en ello, aclaro. Es posible (me aseguran) que me ayude hablarlo. El problema es elegir con quién. Obvio, existen personas que conocen mis secretos. Secretos que no son tal. Pero así les llamo. El otro día mismo, decía a V. que mantengo un pensamiento en mi mente desde hace unos días, que es más difícil el miedo a la realidad que la realidad misma.

Y para argumentarlo, utilizo una frase de un libro de Dulce Chacón (tristemente fallecida), que en su "Blanca vuela mañana" escribe: La realidad en ocasiones es monstruosa, pero es más fácil vivirla que temerla.

Como sea, el camino para conseguir las fuerzas necesarias para enfrentar al miedo es arriesgado, espinoso. Hay que tener cierta "fortaleza de ánimo". Quizá las encuentre en esta nueva vía, la de escribir entradas. De momento, sólo dos personas saben que he abierto esta puerta (de mi castillo) al mundo exterior. Una no muestra demasiado interés y el otro ya me ha pedido la dirección, pero tengo dudas al respecto. Dudo sobre cómo podría afectar a lo que aquí narre que alguien de mi entorno pueda leerlo. Y no es cuestión de falta de confianza. Todo depende de qué estoy dispuesto a contar. Y también dudo en eso. Creo que, otra vez, es el fear el que habla. Me gustaría que la esperanza fuera ganando terreno, de eso se trata.

Termino con una esperanza: que poco a poco pueda diluir el miedo y DEJARME VER sin prejuicios, tensión, vergüenza o desconfianza. Porque no quiero ser parte del mundo, quiero creer que ya lo soy, que soy como siempre he querido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario