No termino de decidir qué es lo que pasa. No sé si es cansancio, otra vez. Quizá sea mi actitud derrotista y pesimista. Si bien es cierto que ando gritando a los cuatro vientos lo feliz que me siento en los últimos meses, existen momentos o días como los actuales. Días de tristeza incontrolada, pensamientos negativos, ausencia de ganas, soledad.
Se puede estar solo estando acompañado, rodeado de decenas de personas. No me he quejado demasiado (o nada) por vivir fuera de casa. La distancia con mi mundo me supone, semanalmente, cierto alivio al alejarme de muchas personas de mi entorno, al tiempo que cierta pérdida al separarme de mis únicos apoyos y compañía.
Con todo, allí me siento bien la mayor parte del tiempo. Disfruto de mi trabajo como nunca imaginé. Disfruto de la compañía de mis colegas de profesión y, por supuesto, de mis alumnos y alumnas. Pero las tardes son diferentes. Tengo muchas cosas que preparar, actividades que planificar, asuntos que organizar y, cómo no, estudiar para las oposiciones. Pese a ello, a veces paso horas muertas sin hacer nada, mirando la tele sin mirar, callejeando por un pueblo que no tiene grandes atractivos, sólo por el hecho de evadirme.
El caso es que, todavía, me dejo arrastrar hacia ese lado oscuro que ha sido mi vida durante años. Me dejo pasear por las calles de la ciudad en ruinas que fue mi encierro consentido. Vuelvo a ser el niño que se defiende del mundo exterior e hiriente. Lo comprendo, no puedo dejar de ser quien soy en unas semanas o meses. No he dejado de serlo después de año y medio de terapia. Insisto, es comprensible. Demasiado dolor demasiado tiempo. Demasiada rabia demasiado contenida.
Sin embargo, como digo, vivo feliz. Siento que me encuentro en un momento inmejorable, en una circunstancia agradable y placentera. Estos días no son más que una manifestación del recuerdo y una parte inevitable dado que continúo con prácticas inconvenientes. Y es que, en este caso, eliminar ciertas conductas parece, hoy por hoy, imposible. ¿Cómo desaprender tu forma de hablar? ¿Cómo modificar tus maneras de expresión? ¿Cómo mirar distinto a como has mirado toda tu vida? Con esfuerzo, dedicación y mucha disciplina se podría, imagino, cambiar la forma de pensar. Y trabajo, mucho. Pero me queda largo camino por recorrer. Por ahora, me conformo con conocer la razón del qué y del cómo hago las cosas.
Ha pasado casi un año desde aquel "Algún día...". Algunos de esos deseos o expectativas se han ido cumpliendo:
- Todavía no despierto en mi propio hogar, pero es algo inminente.
- Trabajo en algo que me satisface muchísimo. Tanto que, cuando acabe, temo pasarlo muy mal.
- Estoy más tranquilo, menos ansioso.
- (Casi) He dejado de intentar saber qué piensa o siente la gente por o de mí.
- He vencido unos cuantos miedos (y creía que no podría hacerlo).
No obstante, sigo insatisfecho conmigo mismo, con mi apariencia; no termino de aceptar la realidad, no acepto la pérdida. Aún no sé si mereció o no la pena haber pasado por esa circunstancia. Y me queda mucho por hacer para afirmar que vivo sin afectarme, aceptando lo bueno y lo malo que tiene esta vida.
Pero mi intención era hablar de la soledad que siento. Solo, por la distancia que me separa de la poquita gente importante. Solo, por el tiempo que dejo correr antes de decidirme a hacer una visita o tomar el teléfono y llamar unos minutos. Solo, por obcecarme en una imagen parcial de la realidad. Solo, por volver a esperar; por crear expectativas que sé de antemano no ocurrirán. Y solo, porque lo elijo más allá del daño, para evitar. La evitación ha sido y es, sin duda, uno de mis principales rivales y defectos.
Dicen que la distancia es el olvido; pero yo no olvido.