30 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
Vueltas da la vida
Han pasado más de diez días desde la última entrada. He venido un par de veces, pero sólo he dejado un par de borradores con título y unas ideas sobre las que escribir.
Primero quise hablar sobre las vueltas que da la vida, cuando pequeñas o grandes cosas cambian el rumbo de la existencia de alguna o más personas. Así, mientras yo andaba quejándome de todo un poco, haciéndome permanecer en la misma posición derrotista de tantas ocasiones, las vidas de los míos seguían adelante. Después de dos días de lamentaciones, recibí una buena y gran noticia de dos de las personas más importantes que tengo: han sido (o serán) bendecidos con lo que, a mi entender, es uno de los mejores regalos que se pueden recibir en esta vida. Es sin duda algo que les cambiará la vida para siempre.
Poco después de la llamada, decidí felicitar a otra de las personas más importantes de mi vida, pues la noticia le repercutía directamente. Y charlando de todo un poco, me recordó lo que había vivido un año atrás. El mismo fin de semana, doce meses antes, había pasado por uno de sus peores momentos. Un delicado asunto de salud la llevó al hospital en estado crítico y sin conocer con claridad las consecuencias y secuelas del mismo. Ahora que todo pasó (más o menos), recibe esta gran noticia. Un giro, sin duda.
Días más tarde, personas cercanas a mí pasaban por uno de sus peores momentos. Todo parecía ir bien, como siempre. Las cosas estaban bajo control y debían ocurrir de forma favorable, como de costumbre. Y remarco con "siempre" y "de costumbre" porque es la única realidad que conocen. Son personas a las que les va bien, cuyo lema ha sido y es "que bien se está cuando se está bien". Puedo asegurar que lo saben demasiado. Sin embargo, con una de esas vueltas que trae el destino, las cosas se complicaron en cuestión de minutos y ya nada salió como estaba previsto. Desde ese momento están pasando por una de las peores épocas de sus vidas. Eso sí, parece que poco a poco todo vuelve a la normalidad y pronto quedará en un susto y nada más. O quizá haya secuelas, es pronto para saberlo. Sea como sea, un cambio se ha producido y, a partir de ahora, verán las cosas con otros ojos.
Supongo que todo el mundo, en menor o mayor medida, ha sufrido dificultades en el camino así como momentos de descanso y disfrute. Normalmente diría: algunos más que otros. Pero hoy no quiero lamentaciones, ni quejas, ni inconformismo. Hoy quiero dejar escrito que el tiempo no cesa, las circunstancias cambian irremediablemente, las personas vienen y van, los problemas se superan o anquilosan, pero igual que las alegrías, tienen fecha de caducidad.
Y mientras uno se lamenta de la situación desfavorable, el tiempo pasa y las cosas cambian, para bien o no. Sea como sea, el mundo vuelve a girar, algunas vidas paran, otras continúan y algunas llegan. Pero ninguna de estas tres opciones depende de nosotros.
Volviendo al tema, decía que he venido dos veces a expresarme. La primera, por los cambios en la vida de estas tres personas. La segunda, porque descubrí un término que no conocía y me hizo reflexionar sobre mi actitud. Me refiero al concepto de resilencia. Pero no me voy a detener en él en estos momentos. Quizá retome la entrada que empecé o, lo más seguro, la dejaré como está para siempre. Sí hablaré de lo que me ha hecho volver hoy y que está relacionado, aunque pueda no parecerlo, a las dos entradas que no he terminado y a todo lo que he dicho hasta ahora.
Cuando ya había aceptado la situación y me resignaba a esperar más tiempo sin saber siquiera hasta cuándo; cuando intentaba conformarme creando expectativas nuevas o fantasías para engañarme una vez más; cuando, como conté, había empezado a tener sueños de otras salidas; en definitiva, cuando ya no esperaba, la oportunidad llegó.
Ahora me pregunto si ha servido para algo todo lo que he hecho. Me planteo si merecían la pena los pensamientos negativos y destructivos, las horas de desesperación, el miedo irracional (ahora lo sé) a la pérdida, la tristeza y la añoranza. He pasado muchas horas y días obcecado en las mismas ideas, desesperando porque no llegaba el momento, fastidiando momentos o disfrutándolos menos. Y al final tengo de nuevo la oportunidad que quería: el martes volveré a ejercer mi profesión.
No me gusta esta entrada, pero la publico porque considero que cumple con el requisito básico que exijo: sacar de dentro pensamientos y sentimientos. Sé que no he conseguido mostrar lo que quería. Quizá no manifiesto la alegría que siento por la gran noticia de mis amigos y por mi novedad laboral, pero creo que se debe a otras razones de las que quiero hablar pronto. He descubierto que estoy roto. Hablaré... cuando llegue el momento.
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